Publicado el Deja un comentario

Evangelio del día y comentario – 28 de junio de 2020

Mt 10, 37-42: El que no toma su cruz, no es digno de mí

13º Ordinario Ireneo (203) Primera lectura: 2Re 4, 8-11.14-16ª Le haremos una habitación Salmo responsorial: Sal 88, 2-3.16-19 Segunda lectura: Rom 6, 3-4.8-11 Sepultados con Cristo

Dijo Jesús a sus discípulos: 37Quien ame a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; quien ame a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí. 38Quien no tome su cruz para seguirme no es digno de mí. 39Quien se aferre a la vida la perderá, quien la pierda por mí la conservará. 40El que los recibe a ustedes a mí me recibe; quien me recibe a mí recibe al que me envió. 41Quien recibe a un profeta por su condición de profeta tendrá paga de profeta; quien recibe a un justo por su condición de justo tendrá paga de justo. 42Quien dé a beber un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por su condición de discípulo, les aseguro que no quedará sin recompensa.

Comentario

En la espiritualidad cristiana, el camino del seguimiento de Jesús no es simplemente una opción, es, sobre todo, una convicción. En nuestro mundo, en este entramado de superficialidad o de liquidez en que se vive hoy como dijo en su momento Z. Bauman, se ha ido desvaneciendo poco a poco el sentido de la lucha por las utopías, de aquellos nuevos ideales que hagan posible un mundo mejor. Entre otras razones, la globalización y la hegemonía de ciertos valores como del éxito y el confort sin esfuerzo han ido consolidando un cierto tipo de sociedad conformista con la realidad, que lo normaliza absolutamente todo: hasta la miseria, el hambre, la desigualdad y la injusticia. Así mismo, en este prototipo de sociedades contemporáneas, si bien hay posibilidad de pensar cómo hacer para transformar el rumbo de la historia, hay que reconocer que a veces somos un conjunto de individuos con buenas intenciones, pero entre esas buenas intenciones y hacer realidad con hechos, hay una distancia enorme. Hay iniciativas, pero se necesitan forjar convicciones profundas que hagan posible una nueva forma de ser y estar en esta historia.

Continuando el relato del domingo anterior, Mateo subraya, precisamente, el valor de la cruz como camino ineludible para comprender y adherirse al proyecto de Jesús. El discípulo deberá tomar la cruz como signo de compromiso en el cual se arriesgue a perder la propia vida por esta causa. Obviamente, Mateo hace alusión a la dimensión profética de este seguimiento, porque ellos también fueron perseguidos a causa del proyecto de Yahvé y, como lo relata el texto de la primera lectura, sus signos a favor de los más débiles siempre dejaron entrever la justicia de Dios.

De acuerdo con esto, la exigencia de este proyecto debe tener como convicción la lucha por la justicia en favor de los oprimidos, una lucha que exige incomodidad y molestia para los poderosos, una justicia que no puede normalizar la miseria y la iniquidad en la historia. Hoy, los que nos hacemos seguidores de Jesús, debemos emprender está utopía como horizonte alternativo con la esperanza que esta convicción no quede como una noria perdida en el espacio.

Para reflexionar durante esta semana: evaluemos ¿qué tanto estamos adheridos al proyecto de Jesús? Y, además, ¿qué convicciones desde el proyecto de Jesús nos mueven para hacer posible el Reino de Dios aquí y ahora?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *