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Evangelio del día y comentario – 28 de agosto de 2021

Mt 25, 14-30: Has sido fiel, pasa al banquete

Junípero Serra (1784) Agustín (430) 1Tes 4, 9-11: Dios les enseñó a amarse Salmo 97: El Señor llega para regir los pueblos con rectitud

El aquel tiempo Jesús les contó a sus discípulos esta parábola: Un hombre que partía al extranjero; antes llamó a sus sirvientes y les encomendó sus posesiones. 15A uno le dio cinco bolsas de oro, a otro dos, a otro una; a cada uno según su capacidad. Y se fue. 16Inmediatamente el que había recibido cinco bolsas de oro negoció con ellas y ganó otras cinco. 17Lo mismo el que había recibido dos bolsas de oro, ganó otras dos. 18El que había recibido una bolsa de oro fue, hizo un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. 19Pasado mucho tiempo se presentó el señor… El que había recibido cinco bolsas de oro le presentó otras… 21Su señor le dijo: Muy bien, sirviente honrado y cumplidor… 22Se acercó el que había recibido dos bolsas de oro, le presentó otras dos… 23Su señor le dijo: Muy bien, sirviente honrado y cumplidor… 24Se acercó también el que había recibido una bolsa de oro y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que cosechas donde no has sembrado y reúnes donde no has esparcido. 25Como tenía miedo, enterré tu bolsa de oro; aquí tienes lo tuyo. 26Su señor le respondió: Sirviente indigno y perezoso… 28Quítenle la bolsa de oro y dénsela al que tiene diez. 29Porque… al que no tiene se le quitará aun lo que tiene. 30Al sirviente inútil expúlsenlo a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el crujir de dientes.

Comentario

El Señor nos ha revestido con un “capital divino” (bolsas de oro), según nuestras capacidades, para hacerlo producir hasta que el Señor nos pida cuentas del uso que hayamos hecho de ello. Debemos recordar que no somos dueños de nuestra vida sino solo administradores de sus dones. Los frutos que demos en la vida revelan nuestros dones. Por esta razón, aquellos talentos que nos rehusamos a desarrollar o “enterrar” y no dan fruto no los merecemos, porque ocultarlos es como insultar o reírse de quien nos los dio. Es claro que, enterrarlos por pereza o apatía, es una traición a la confianza que el Señor, dador de todos los dones, ha puesto en nosotros. La justicia exige que aquellos dones sean dados a otros que cumplan con la intención del donante. Dios nos ha dado muchos dones para que construyamos con ellos el Reino. Dios espera frutos no apariencias. ¿Cuáles son mis dones, los conozco y los pongo a trabajar?

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