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Evangelio del día y comentario – 27 de septiembre de 2021

Lc 9, 46-50: El más pequeño, es el mayor

Vicente de Paúl (1660) Zac 8, 1-4: Libertaré a mi pueblo Salmo 101: Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti

En aquel tiempo surgió una discusión entre los discípulos sobre quién era el más grande. 47Jesús, sabiendo lo que pensaban, acercó un niño, lo colocó junto a sí 48y les dijo: Quien recibe a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y quien me recibe a mí recibe al que me envió. El más pequeño de todos ustedes, ése es el mayor. 49Juan le dijo: Maestro, vimos a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo, porque no sigue con nosotros. 50Jesús respondió: No se lo impidan. Quien no está contra ustedes está con ustedes.

Comentario

El imaginario religioso de nuestra época está permeado por una lógica que presenta a un dios no bondadoso, como una forma de justificación de las acciones humanas atravesadas por la maldad y sus consecuencias denigrantes para la dignidad y coexistencia. Frente a este instinto que funciona en todos los estamentos de la vida, el Evangelio propone «acoger, cuidar y hacernos como niños», como una forma de “poder oblativo” que no se aprovecha de la vulnerabilidad, dependencia e inocencia humanas de quienes están desprotegidos y anhelan cuidado esencial. El auténtico poder de la comunidad e iglesias cristianas es aquel que nace en Dios, como inversión de su voluntad, desde el amor que se irradia como condición de posibilidad de la fraterna sinodalidad universal. El desafío del Evangelio está en reconocer que los bienes mesiánicos y el querer de Dios tienen lugar en la construcción de relaciones confiables y sostenibles, abarcando a todos los pueblos y culturas, brindándoles la posibilidad de humanizar. ¿Cómo impiden nuestras estructuras y mentalidades el acontecer del Evangelio?

 

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