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Evangelio del día y comentario – 27 de septiembre de 2020

Mt 21, 28-32: Recapacitó y fue

26º Ordinario Vicente de Paúl (1660) Primera lectura: Ez 18, 15-28 ¿Es injusto mi proceder? Salmo responsorial: Sal 24, 4-9 Segunda lectura: Flp 2, 1-11 Tengan los sentimientos de Jesús

En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: A ver, ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Se dirigió al primero y le dijo: Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña. 29El hijo le respondió: No quiero; pero luego se arrepintió y fue. 30Acercándose al segundo le dijo lo mismo. Éste respondió: Ya voy, señor; pero no fue. 31¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Le dijeron: El primero. Y Jesús les contestó: Les aseguro que los recaudadores de impuestos y las prostitutas entrarán antes que ustedes en el reino de Dios. 32Porque vino Juan, enseñando el camino de la justicia, y no le creyeron, mientras que los recaudadores de impuestos y las prostitutas le creyeron. Y ustedes, aun después de verlo, no se han arrepentido ni le han creído.

Comentario

Toda la ley y la tradición judía está determinada de manera muy clara: el justo, que practica la salvación y la justicia salva la vida, y el pecador que comete la maldad muere por la maldad que cometió. Sin embargo, el profeta Ezequiel le da vuelta y nos presenta lo contrario: un justo que muere por su maldad y un pecador que recapacita y vive. Describiendo así una posibilidad en la que todos, por muy buenos y fieles, podríamos incurrir. La responsabilidad personal es el primer paso hacia la solidaridad y la transformación del mundo. Siendo cada uno responsable de sus actos debe asumir un cambio útil de conversión. Por eso oramos con el salmo suplicando el amor y la ternura eternos de Dios y pidiendo de Él el don de la lealtad.

En el camino de la conversión y la obediencia, nos recuerda Pablo, Cristo es el mejor modelo de humildad, obediencia y de las relaciones fraternas, “teniendo los mismos sentimientos de Cristo Jesús sin rivalidad y presunción”. Es claramente una llamada a la responsabilidad personal que va siempre junto con otras actitudes subrayadas por Pablo: humildad, compasión, “mantenerse unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir”.

Jesús presenta, en la parábola del evangelio, la misma lógica del profeta: un hijo que dice ser fiel y no cumple; y otro que responde que no y luego recapacita y obedece con fidelidad. El que reconoce su pecado y se arrepiente, el que recapacita y regresa al camino encuentra la vida. No parece estar claro detrás de cuál de ellos está la obediencia, aunque detrás de ambos está la mentira. Pero hoy nos hemos acostumbrado a vivir en el engaño: mentimos unos y otros, mentimos para salvarnos, mentimos para poner máscaras que no revelen la verdad. El engaño es parte de la vida, y preferimos decir “un falso sí” para no comprometernos con los otros. No es así con los publicanos y las prostitutas que, aunque están evidentemente fuera de la moral y de la ley, entrarán en el Reino porque creyeron en Jesús y, conscientes de su pecado, apelan a la misericordia y al amor eterno de Dios. Nos encanta escuchar este testimonio precisamente de un publicano que aceptó a Jesús como propuesta. ¿Defendemos las actitudes del Reino, la responsabilidad personal y la disposición a la misericordia? ¿Somos fieles al proyecto de Jesús, capaces de recapacitar y rectificar en la vivencia cristiana cuando lo necesitemos?

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