Publicado el Deja un comentario

Evangelio del día y comentario – 27 de noviembre de 2019

Lc 21, 10-19: Los odiarán por mi nombre

Ntra. Sra. de la M. Milagrosa Catalina de María Rodríguez (1896) Virgilio (784) Primera lectura: Dn 5, 1-6.13-14.16-17.23-28 Baltasar tuvo un sueño Interleccional: Dn 3, 62-67

En aquel tiempo dijo Jesús a la multitud: 10Se alzará pueblo contra pueblo, reino contra reino; 11habrá grandes terremotos, en diversas regiones habrá hambres y pestes, y en el cielo señales grandes y terribles.12Pero antes de todo eso los detendrán, los perseguirán, los llevarán a las sinagogas y las cárceles, los conducirán ante reyes y magistrados a causa de mi nombre, 13y así tendrán la oportunidad de dar testimonio de mí. 14Háganse el propósito de no preparar su defensa; 15yo les daré una elocuencia y una prudencia que ningún adversario podrá resistir ni refutar. 16Hasta sus padres y hermanos, parientes y amigos los entregarán y algunos de ustedes serán ajusticiados; 17y todos los odiarán a causa de mi nombre. 18Sin embargo no se perderá ni un pelo de su cabeza. 19Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

Comentario

En textos como el de hoy es difícil distinguir si las advertencias que encontramos provienen del mismo Jesús o más bien reflejan la situación de persecución que están viviendo las primeras comunidades cristianas. En todo caso, el texto es claro: los discípulos, de ayer y de hoy, van a experimentar la misma oposición que Él de parte del poder religioso, la sinagoga, y de parte de poder político, reyes y gobernadores. El tiempo de persecución no es tiempo de huida, sino más bien es el momento de dar testimonio, es momento del martirio. Cuando se busca cambiar este mundo por uno más humano y más fraterno es lógico esperar persecución de parte de las autoridades que se oponen al cambio… pero lo más difícil es recibir oposición de parte de las personas más cercanas. A veces nuestra propia familia no comprende el camino que hemos tomado. Al mismo tiempo se nos pide no temer, pues en este camino no estamos solos: nos anima el Espíritu del Resucitado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *