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Evangelio del día y comentario – 27 de febrero de 2020

Lc 9, 22-25: Quien pierda su vida por mí la salvará

Gabriel de la Dolorosa (1862) Primera lectura: Dt 30, 15-20 Te pongo bendición y maldición Salmo responsorial: Sal 1, 1-4.6

En aquel tiempo Jesús añadió: El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, tiene que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. 23Y a todos les decía: El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame. 24El que quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí la salvará. 25¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se malogra?

Comentario

El relato de Lucas, entendido en la antilógica de los evangelios, presenta un tema que al común de los creyentes no gusta y que el cristianismo (católico, ortodoxo, protestante) de forma oficial no ha proclamado con la fuerza que exige: “el fracaso del Mesías”. Los evangelios no ocultaron el fracaso de Jesús ni lo borraron de la memoria original cristiana, es una realidad aceptada por Él con profunda seriedad. La aceptación del fracaso es lo que hace posible que el ser humano cambie las actitudes de altivez, soberbia y autosuficiencia. El fracaso es camino, itinerario, propuesta de humanización. Esta es una de las grandes paradojas del cristianismo. Y será en la experiencia del fracaso, de la muerte en cruz, desde donde Jesús renacerá en la resurrección. Jesús es el modelo de lo que es un ser humano a la medida del querer de Dios. Quien asume el fracaso como Él, venciendo el egoísmo y el poder de dominio, podrá experimentar la vida, en toda su hondura. ¿Has vivido experiencias de fracaso? ¿Qué has aprendido de ellas?

1 comentario en “Evangelio del día y comentario – 27 de febrero de 2020

  1. Siento que también como comunidades cristianas, como Iglesia, como la humanidad que somos, debemos aplicarnos este evangelio para actuar consecuentemente, con humildad,, dejando atrás los narcisismos, q incluyen los orgullos y renaciendo desde abajo de la mano de Jesús

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