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Evangelio del día y comentario – 27 de agosto de 2021

Mt 25, 1-13: ¡Que llega el esposo, salgan recibirlo!

Mónica (387) 1Tes 4, 1-8: Dios quiere que se santifiquen Salmo 96: Alegrémonos con el Señor

El aquel tiempo Jesús les contó a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos será como diez muchachas que salieron con sus lámparas a recibir al novio. 2 Cinco eran necias y cinco prudentes. 3 Las necias tomaron sus lámparas pero no llevaron aceite. 4 Las prudentes llevaban frascos de aceite con sus lámparas. 5 Como el novio tardaba, les entró el sueño y se durmieron. 6 A media noche se oyó un clamor: ¡Aquí está el novio, salgan a recibirlo! 7 Todas las muchachas se despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas. 8 Las necias pidieron a las prudentes: ¿Pueden darnos un poco de aceite?, porque se nos apagan las lámparas. 9 Contestaron las prudentes: No, porque seguramente no alcanzará para todas; es mejor que vayan a comprarlo a la tienda. 10Mientras iban a comprarlo, llegó el novio. Las que estaban preparadas entraron con él en la sala de bodas y la puerta se cerró. 11Más tarde llegaron las otras muchachas diciendo: Señor, Señor, ábrenos. 12Él respondió: Les aseguro que no las conozco. 13Por tanto, estén atentos, porque no conocen ni el día ni la hora.

Comentario

Nuevamente Jesús habla del Reino con la parábola del “novio”, ya lo había hecho con el “banquete de bodas”. El Reino se va construyendo en el día a día, a través de nuestras “lámparas ardientes” cuyo “aceite” son el amor, la verdad y la fe, que ofrecemos a Dios y a nuestro prójimo. El no conocer “ni el día ni la hora” hace imprevisto «el final» y, además, con esa sensación de retraso nos invita a la vigilancia. Frecuentemente no somos conscientes de la venida diaria del Señor que es la que nos prepara para ese «final», sea el fin del mundo o la hora de nuestra muerte, que cuando llega nos pide abrir la puerta, atentos a los signos de los tiempos y lugares. Todos somos invitados a pasar a “la sala de bodas”, pero tenemos que llevar aceite. Además, esta fiesta sucede cada día en los pequeños encuentros con el Señor. Testimoniemos su presencia amorosa. ¿Estamos preparados y en vela llevando el aceite de nuestras buenas obras para mantener la lámpara encendida?

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