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Evangelio del día y comentario – 27 de agosto de 2020

Mt 24, 42-51: Estén preparados

Mónica (387) Primera lectura: 1Cor 1, 1-9 Por él han sido enriquecidos Salmo responsorial: Sal 144, 2-7

Enseñó Jesús: Por tanto estén prevenidos, porque no saben el día que llegará su Señor. 43Ustedes ya saben que si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, estaría vigilando y no permitiría que asalten su casa. 44Por tanto, estén preparados, porque el Hijo del Hombre llegará cuando menos lo esperen. 45¿Quién es el sirviente fiel y prudente, encargado por su señor de repartir a sus horas la comida a los de casa? 46Dichoso el sirviente a quien su señor, al llegar, lo encuentre trabajando así. 47Les aseguro que le encomendará todas sus posesiones. 48En cambio, si un sirviente malo, pensando que su señor tardará, 49se pone a pegar a los compañeros, a comer y beber con los borrachos, 50vendrá el señor de aquel sirviente, el día y la hora menos pensada 51y lo castigará dándole el destino de los hipócritas. Allí será el llanto y el crujir de dientes.

Comentario

Proclaman los contadores de cuentos que había una vez un guarda nocturno o vigilante que soñó la noche anterior que unos ladrones habían robado la empresa durante altas horas de la noche. El gerente de la empresa, avisado por el sueño del centinela, redobló las medidas de seguridad y efectivamente lograron prender a los ladrones. Al día siguiente, dio al centinela una jugosa gratificación junto con la carta de despido… injusto pensaron todos al enterarse, pero la explicación del gerente fue muy clara; no se podía fiar de un centinela que duerme y sueña durante la vigilancia nocturna. También a nosotros nos puede pasar. Podemos dormirnos y ser sorprendidos por la llegada sorpresiva del Reino de Dios. Nadie sabe “ni el día ni la hora”, el Señor viene a nuestras vidas y a nuestra historia en la hora menos pensada. Lo importante es estar siempre preparado en alegre espera para vivir gratamente ese momento de encuentro jubiloso con el Señor de la vida. ¿Cómo te preparas cotidianamente para ese encuentro con el Señor del Reino

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