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Evangelio del día y comentario – 27 de abril de 2020

Jn 6, 22-29: Trabajen por el alimento que perdura

Pedro Armengol (1304) Primera lectura: Hch 6, 8-15 Esteban hablaba con sabiduría Salmo responsorial: Sal 118, 23-24.26-27.29-30

Después que Jesús hubo alimentado a cinco mil personas, sus discípulos lo vieron caminar sobre el agua. A la mañana siguiente la gente que se había quedado en la otra orilla vio que allí no había más que un bote, siendo así que los discípulos se habían ido solos y Jesús no se había ido con ellos. 23Desde Tiberíades llegaron otras barcas y atracaron cerca del lugar donde el Señor dio gracias y ellos comieron el pan. 24Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron en los botes y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25Lo encontraron a la otra orilla del lago y le preguntaron: Maestro, ¿cuándo llegaste aquí? 26Jesús les respondió: Les aseguro que no me buscan por las señales que han visto, sino porque se han hartado de pan. 27Trabajen no por un alimento que perece, sino por un alimento que dura y da vida eterna; el que les dará el Hijo del Hombre. En él Dios Padre ha puesto su sello. 28Le preguntaron: ¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios? 29Jesús les contestó: La obra de Dios consiste en que ustedes crean en aquél que él envió.

Comentario

La fuerza del Espíritu se hace notoria en Esteban que, además de hacer milagros, despliega una sabiduría irrebatible que le viene de las Escrituras para hablar de Cristo. Esa fuerza del Espíritu se nota también en el impulso misionero que moviliza a muchos cristianos por las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades, para convencer a otros de adherirse a determinado credo o congregación. Hay, sin embargo, un punto crítico para discernir la obra de Dios. ¿Cuáles son las señales que unen a los fieles con Cristo Jesús? La fe no es un asunto público meramente. Lo más característico del cristiano es su testimonio de vida. Ser testigo nace de una convicción profunda que comienza por apartarse de los valores que el mundo tiene por ideales o metas a conseguir como la riqueza, el placer o el poder al precio que sea. Debemos calibrar si los valores del Evangelio son los que priman entre nosotros. ¿Cuál es el afán diario de nuestra vida? ¿Dónde detectamos los valores de Cristo en nuestra familia?

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