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Evangelio del día y comentario – 26 de noviembre de 2019

Lc 21, 5-9: Este templo será derribado

Santiago Alberione, fundador (1971) Primera lectura: Dn 2, 31-45 Dios suscitará un reino Interleccional: Dn 3, 57-61

En aquel tiempo, a unos que elogiaban las hermosas piedras del templo y la belleza de su ornamentación Jesús les dijo: 6 Llegará un día en que todo lo que ustedes contemplan será derribado sin dejar piedra sobre piedra. 7 Le preguntaron: Maestro, ¿cuándo sucederá eso y cuál es la señal de que está para suceder? 8 Respondió: ¡Cuidado, no se dejen engañar! Porque muchos se presentarán en mi nombre diciendo: Yo soy; ha llegado la hora. No vayan tras ellos. 9 Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se asusten. Primero ha de suceder todo eso; pero el fin no llega en seguida.

Comentario

El Templo de Jerusalén era un lugar santo y motivo de orgullo para todos los judíos. Era un símbolo de tiempos mejores, en que Jerusalén era la ciudad sede del reino de Israel. La riqueza del recinto alimentaba los sueños mesiánicos del regreso a la monarquía, a la grandeza de la época del rey David. Ante el anuncio de destrucción, los discípulos no parecen asustarse y más bien preguntan: “¿cuándo?”. Presuponen que ahora sí Dios intervendrá para cambiar la historia por obra del Mesías esperado. Jesús les advierte que no ha llegado la hora y que no crean en falsos mesías. Él es el único y verdadero Mesías. Pero Jesús no es un Salvador poderoso en armas para luchar contra los dominadores romanos, como muchos esperaban. Jesús es un Mesías diferente: Él es un servidor, al estilo del Siervo Sufriente anunciado por el profeta Isaías (Is 52, 13-53, 12). ¿Sabemos reconocer al verdadero Salvador? ¿Nos dejamos llevar por falsos predicadores que ofrecen una solución mágica para nuestros problemas?

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