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Evangelio del día y comentario – 26 de junio de 2020

Mt 8, 1-4: Si quieres, puedes sanarme

José María Robles, mártir (1927) Primera lectura: 2Re 25, 1-12 Marchó Judá al desierto Salmo responsorial: Sal 136, 1-6

En aquel tiempo, cuando bajaba Jesús del monte le seguía una gran multitud. 2 Un leproso se le acercó, se postró ante él y le dijo: Señor, si quieres, puedes sanarme. 3 Él extendió la mano y le tocó diciendo: Lo quiero, queda sano. Y en ese instante se sanó de la lepra. 4 Jesús le dijo: No se lo digas a nadie; ve a presentarte al sacerdote y, para que les conste, lleva la ofrenda establecida por Moisés.

Comentario

En tiempos de Jesús, la lepra era de las peores enfermedades que podía caer sobre el ser humano, además de ser a veces incurable, significaba de manera absoluta la exclusión de la comunidad: ni la familia ni nadie podía acercarse ni tener contacto con ellos. En Mateo esta sanación del leproso viene luego del sermón de la montaña, y en ese contexto, se debe comprender que Jesús como intérprete de la Torá, no se queda únicamente en el discurso, sino que hace posible poner en práctica lo dicho: traer la salvación a los hombres como parte de la voluntad salvífica de Dios. Fuera de cualquier protocolo, este leproso sale al encuentro de Jesús para pedirle que lo sane y, éste no lo rechaza. Antes bien, cumple con devolver la salud y hace posible con ello la vida. A la luz de evangelio, ¿quiénes son hoy los excluidos de nuestra historia? ¿Los reconocemos? ¿Podemos pasar del discurso al hecho como Jesús con acciones concretas a favor de estos excluidos?

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