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Evangelio del día y comentario – 26 de agosto de 2019

Mt 23, 13-22: ¡Ay de ustedes, guías ciegos!

Teresa Jornet (1897) María Baouardy (1878) Primera Lectura: 1Tes 1, 1-10 Se volvieron a Dios Salmo responsorial: Sal 149, 1-6a. 9b

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el reino de los cielos! ¡No entran ni dejan entrar a los que lo intentan! 14¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que devoran los bienes de las viudas, mientras hacen largas oraciones para que los tengan por justos! ¡La sentencia para ustedes será más severa! 15¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un partidario, y cuando lo consiguen, lo hacen doblemente más merecedor del infierno que ustedes! 16¡Ay de ustedes, guías ciegos, que dicen: Quien jura por el santuario no se compromete, quien jura por el oro del santuario queda comprometido! 17¡Tontos y ciegos!, ¿qué es más importante? ¿El oro o el santuario que consagra el oro? 18Dicen: Quien jura por el altar no se compromete, quien jura por la ofrenda que hay sobre el altar queda comprometido. 19¡Ciegos! ¿Qué es más importante? ¿La ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? 20Porque quien jura por el altar jura por él y por cuanto hay sobre él; 21y quien jura por el santuario jura por él y por quien lo habita; 22y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y por el que está sentado en él.

Comentario

Durante estos días estaremos reflexionando sobre las denuncias de Jesús contra escribas y fariseos. La acusación es introducida siempre con ¡Ay de ustedes!, no como expresión de lamento sino como sentencia que prepara un juicio contra las autoridades religiosas y políticas de Israel. El motivo de la denuncia es que imponen al pueblo el cumplimiento minucioso de la ley como único camino de salvación, olvidando que su sentido original era guiar a la comunidad para vivir en justicia y santidad. No es la ley la que salva, sino el compromiso en favor de la dignidad humana. Dos actitudes son las claves de tan deplorable comportamiento: la hipocresía y la ceguera para guiar a los demás. Las autoridades religiosas convirtieron la bondad de la ley en una estrategia de dominación, de corrupción y de enriquecimiento, imponiendo múltiples impuestos, sacrificios y ofrendas. La apariencia de santidad de escribas y fariseos es desenmascarada por Jesús y presentada como la “contraimagen” de lo que Jesús quiere de su Iglesia y de sus seguidores: cero hipocresías, corrupción e idolatría del dinero.

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