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Evangelio del día y comentario – 25 de octubre de 2020

Mt 22, 34-40: Amarás al Señor, tu Dios

30º Ordinario Frutos, Engracia y Valentín (s. VIII) Primera lectura: Éx 22, 20-26 Si grita a mí, lo escucharé Salmo responsorial: Sal 17, 2-4.47.51ab Segunda lectura: 1 Tes 1, 5c-10 Abandonaron los ídolos

En aquel tiempo, al saber los fariseos que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron alrededor de él; 35y uno de ellos, doctor en la ley le preguntó maliciosamente: 36Maestro, ¿cuál es el precepto más importante en la ley? 37Le respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. 38Éste es el precepto más importante; 39pero el segundo es equivalente: Amarás al prójimo como a ti mismo. 40De estos dos mandamientos dependen la ley entera y los profetas.

Comentario

Este domingo seguimos reflexionando sobre las características y exigencias del Reino de Dios. Hoy podemos preguntarnos si vamos por el camino correcto, si somos seguidores de Jesús y promotores de su Reino al constatar si amamos a Dios y al prójimo recordando que ambos amores están indisolublemente vinculados. El texto del libro del Éxodo nos recuerda algunas exigencias a cumplir si el pueblo quiere ser fiel a la Alianza realizada en el Sinaí y que ha trascendido tiempo y espacio pues siguen siendo vigentes: proteger al migrante y a las personas excluidas, descartadas y desfavorecidas. Por otra parte nos recuerda que la economía debe estar regulada por el principio de la solidaridad comunitaria. No se debe jugar con la miseria si se quiere ser verdadero adorador del Dios de la vida.

Pablo exhorta a los tesalonicenses a ser “modelos para todos los creyentes”. Esto se consigue cuando respondemos adecuadamente al Evangelio rechazando “los ídolos” –aquellas situaciones, personas o bienes materiales– que nos impiden una conversión profunda de vida. Finalmente es importante recordar que el tiempo de la vuelta del Señor no está sujeto a las predicciones humanas, pero los cristianos esperamos la vuelta del Señor como certeza del triunfo final de Dios sobre el mal.

Jesús, en el evangelio, en la respuesta a la pregunta hecha por un doctor de la ley acerca del precepto más importante, pone al mismo nivel el amor a Dios (Dt 6,5) y el amor al prójimo (Lev 19,18). El Maestro desea ofrecer la perspectiva de fondo sobre la cual se debe vivir toda la Ley y une estos dos mandamientos en una atrevida conexión: “el segundo es semejante a éste”; es decir, es tan importante y necesario como el primero.

Si hay una experiencia básica en la vida de cada persona es la de amar y ser amados. Esta propuesta de Jesús abraza todas las dimensiones del ser humano, la espiritual-vertical “amarás al Señor”; y la humana-horizontal “amarás a tu prójimo”, y la que va a la interioridad de cada persona “como a ti mismo”. Hoy debemos recordar que amar no puede quedar reducido a los sentimientos sino que también entra en el terreno de la convicción y es un compromiso. Este amor no esclaviza sino que siempre es camino de libertad. ¿Vives íntimamente ligados tu amor a Dios y al prójimo o eres víctima de dicotomías que fragmentan tu vida?

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