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Evangelio del día y comentario – 25 de marzo de 2020

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Lc 1, 26-38: Darás a luz un hijo

La Anunciación del Señor Primera lectura: Is 7, 10-14; 8, 10 La virgen está encinta Salmo responsorial: Sal 39, 7-11 Segunda lectura: Heb 10, 4-10: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad

El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. 28Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. 29Al oírlo, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué clase de saludo era aquél. 30El ángel le dijo: No temas, María, que gozas del favor de Dios. 31Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. 32Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reino no tenga fin. 34María respondió al ángel: ¿Cómo sucederá eso si no convivo con un hombre? 35El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. 36Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. 37Pues nada es imposible para Dios. 38Respondió María: Yo soy la esclava del Señor: que se cumpla en mí tu palabra. El ángel la dejó y se fue.

Comentario

El relato lucano de la “anunciación” marca el nuevo rumbo del acontecer de Dios en la historia. Dios se desmarca de las tradiciones, del “siempre ha sido así” y prueba por caminos de novedad, senderos menos “tradicionales”, menos “comunes” el cómo entrar en contacto con la humanidad. Esta nueva forma de relacionarse de Dios con la humanidad lo hará a través de la relación personal con una joven: María. Dios dialoga con ella ahora. Ya no con las autoridades detentadores del poder religioso y social. La nueva relación de Dios es con una mujer, además desconocida y sin nexos familiares de renombre. Dios, que se ha decidido intervenir personalmente en la historia de la humanidad, busca a aquellos que la sociedad ha descartado y excluido. El Ángel, representante de Dios, entra donde está María, a su espacio vital, al lugar donde ella construye sus sueños e ilusiones y le propone ser “colaboradora” de su plan de salvación. ¿Seremos capaces de ser, como María, colaboradores de Dios?

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