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Evangelio del día y comentario – 25 de julio de 2020

Mt 20, 20-28: Mi cáliz lo beberán

Santiago el Mayor, apóstol (s. I) Primera lectura: 2Cor 4, 7-15 Llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de Jesús Salmo responsorial: Sal 125, 1-6

Se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacer una petición. 21Él le preguntó: ¿Qué deseas? Ella contestó: Manda que, cuando reines, estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda. 22Jesús le contestó: No saben lo que piden. ¿Son capaces de beber la copa que yo he de beber? Ellos contestan: Podemos. 23Jesús les dijo: Mi copa la beberán, pero sentarse a mi derecha e izquierda no me toca a mí concederlo; esos lugares son para quienes se los ha destinado mi Padre. 24Cuando los otros diez lo oyeron, se enojaron con los dos hermanos. 25Pero Jesús los llamó y les dijo: Saben que entre los paganos los gobernantes tienen sometidos a sus súbditos y los poderosos imponen su autoridad. 26No será así entre ustedes; más bien, quien entre ustedes quiera llegar a ser grande que se haga servidor de los demás; 27y quien quiera ser el primero, que se haga sirviente de los demás. 28Lo mismo que el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

Comentario

La dinámica del Reino se mueve por el servicio a los demás. Este aspecto de la vida de Jesús hizo que la gente creyera en Él y provocó el seguimiento definitivo de muchos de ellos. No es de extrañarnos que haya hermanos que decidieron dejarlo todo para seguir a Jesús. La respuesta de Jesús, sin duda, dejó fríos a la madre y a sus animosos hijos… ¿Y cómo no ocupar los primeros asientos, si ellos fueron de los primeros en enlistarse a las filas de los discípulos? ¿Cómo no, si son ellos, Santiago y Juan, los mismos apóstoles que estuvieron presentes en el acontecimiento de la transfiguración de Jesús? (Mt 17, 1). Hoy podemos decir que, si Jesús hubiese aceptado la propuesta de esta madre, no hubiese seducido a tantos hombres y mujeres que a través de la historia cristiana lo han dejado todo para seguirlo incondicionalmente. ¿Estamos dispuestos a recorrer el camino propuesto por Jesús sin ninguna recompensa? ¿O pensamos en la meritocracia? Gracias, Jesús, porque tu amor es incondicional.

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