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Evangelio del día y comentario – 25 de agosto de 2019

Lc 13, 22-30: Vendrán de todas partes a la mesa del reino

21o Ordinario José de Calasanz, fundador (1648) Primera Lectura: Is 66, 18-21 De los países traerán sus hermanos Salmo responsorial: Sal 116, 1-2 Segunda lectura: Heb 12, 5-7.11-13 El Señor reprende a los que ama

En aquel tiempo Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos mientras se dirigía a Jerusalén. 23Uno le preguntó: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Les contestó: 24Procuren entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos intentarán entrar y no podrán. 25Apenas se levante el dueño de casa y cierre la puerta, ustedes desde afuera se pondrán a golpear diciendo: Señor, ábrenos. Él les contestará: No sé de dónde son ustedes. 26Entonces dirán: Hemos comido y bebido contigo, en nuestras calles enseñaste. 27Él responderá: les digo que no sé de dónde son ustedes. Apártense de mí, malhechores. 28Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando vean a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras ustedes sean expulsados. 29Vendrán de oriente y occidente, del norte y el sur, y se sentarán a la mesa en el reino del Señor. 30Porque hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

Comentario

La prepotencia de Israel de creerse el pueblo exclusivo de Dios, excluyendo a los demás pueblos, terminó derrotada y llevada al exilio. El profeta pasa la página del totalitarismo excluyente de Israel a una propuesta de respeto, inclusión y esperanza universal de salvación. La profecía no fue acogida por los dirigentes de Israel, pero quedó la huella profética que será recuperada por Jesús.

Para el autor de la carta a los hebreos, el olvido de Dios en la vida cotidiana, hace difícil soportar las correcciones fraternas, asumir con paciencia las dificultades, apoyar a los débiles y fortalecer el camino de la fe y la esperanza.

En medio del camino alguien pregunta: ¿Son pocos los que se salvan? La respuesta de Jesús se centra, no en cuántos, sino en cómo nos salvamos. A primera vista, las palabras sorprenden y asustan, porque Jesús habla de una puerta estrecha, donde hay que esforzarse mucho para entrar; que una vez cerrada no se abre y quienes lleguen con retraso serán expulsados de mala manera. Hay otra forma de entender la respuesta positivamente. Lo que Jesús pretende es orientar sobre cómo debemos actuar para entrar sin problemas a la casa-comunidad de sus seguidores. Parte de dos premisas: la resurrección, por su carácter universal, abre la puerta para la salvación de todos los pueblos, sin ninguna discriminación o exclusión. Además, la salvación no es asunto de la otra vida, sino que se conquista en esta vida.

Con estas consideraciones, va quedando claro que la preocupación no es tanto por lo estrecho de la puerta sino por las actitudes de vida que preparan y garantizan un ingreso rápido y seguro. Jesús nos sugiere algunas. En primer lugar, estar adheridos a su persona, este es el sello que identifica el boleto de entrada. En segundo lugar, optar por el proyecto de Jesús, aun sabiendo que es un camino difícil y estrecho, lleno de obstáculos, sacrificios y tentaciones. En tercer lugar, no creer que el hecho de pertenecer a determinado pueblo, raza o religión, ni siquiera el de llamarnos cristianos, garantiza el ingreso y la salvación. Entrar o no entrar no depende entonces de la estrechez de la puerta, ni siquiera del dueño de la casa, depende de cada uno de nosotros. ¿Con la manera de vivir y de dar testimonio de tu fe cristiana, consideras que estás preparado para entrar y estar adentro de la casa?

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