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Evangelio del día y comentario – 24 de octubre de 2019

Lc 12, 49-53: No he venido a traer paz, sino división

Antonio Ma. Claret (1870) Luis Guanella (1915) Primera lectura: Rom 6, 19-23 Eran esclavos del pecado Salmo responsorial: Sal 1, 1-4.6

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Vine a traer fuego a la tierra, y, ¡cómo desearía que ya estuviera ardiendo! 50Tengo que pasar por un bautismo, y, ¡qué angustia siento hasta que esto se haya cumplido! 51¿Piensan que vine a traer paz a la tierra? No he venido a traer la paz sino la división. 52En adelante en una familia de cinco habrá división: tres contra dos, dos contra tres. 53Se opondrán padre a hijo e hijo a padre, madre a hija e hija a madre, suegra a nuera y nuera a suegra.

Comentario

En palabras de suma intimidad, Jesús comparte con sus discípulos la profundidad de su corazón: lo que intensamente anhela y la angustia que le genera la urgencia de su cumplimiento. Compara estos sentimientos con un fuego que arde y que quiere contagiar por donde va pasando, sabiendo que el tiempo ha llegado y que queda poco. Ciertamente, los apóstoles son contagiados de ese fuego del corazón de Jesús y especialmente confirmados en la misma misión que su Maestro en el día de Pentecostés. Es el celo que mueve al misionero apostólico que se sabe llamado y enviado para una misión que no permite esperas. Las contradicciones muchas veces son un signo de ese fuego que el Espíritu hace arder en los corazones de aquellos que han optado por ser misioneros. La memoria de san Antonio María Claret se sintetiza en este mismo fuego y nos presenta el Corazón de María como la fragua ardiente donde nos forjamos para seguir haciendo crecer este fuego en el corazón del mundo. ¿Cómo cuidamos el fuego de nuestro corazón misionero?

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