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Evangelio del día y comentario – 24 de marzo de 2020

Jn 5, 1-3.5-16: Al momento quedó sano

Óscar Arnulfo Romero, mártir (1980) Catalina de Suecia (1381) Primera lectura: Ez 4, 1-3; 47, 1-9.12 Manaba agua del templo Salmo responsorial: Sal 45, 2-3.5-6.8-9

En aquel tiempo, celebraban los judíos una fiesta, y Jesús subió a Jerusalén. 2 Hay en Jerusalén, junto a la puerta de los Rebaños, una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. 3 Yacía en ellos una multitud de enfermos, ciegos, cojos y lisiados, que aguardaban a que se removiese el agua.5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. 6Jesús lo vio acostado y, sabiendo que llevaba así mucho tiempo, le dice: ¿Quieres sanarte? 7 Le contestó el enfermo: Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando yo voy, otro se ha metido antes. 8 Le dice Jesús: Levántate, toma tu camilla y camina. 9 Al instante aquel hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar. Pero aquel día era sábado; 10por lo cual los judíos dijeron al que se había sanado: Hoy es sábado, no puedes transportar tu camilla. 11Les contestó: El que me sanó me dijo que tomara mi camilla y caminara. 12Le preguntaron: ¿Quién te dijo que la tomaras y caminaras? 13Pero el hombre sanado lo ignoraba, porque Jesús se había retirado de aquel lugar tan concurrido. 14Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: Mira que has sanado. No vuelvas a pecar, no te vaya a suceder algo peor. 15El hombre fue y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. 16Por ese motivo perseguían los judíos a Jesús, por hacer tales cosas en sábado.

Comentario

La Palabra de Jesús se manifiesta nuevamente portentosa en el relato del Evangelio: levántate, toma tu camilla y camina. Esta palabra, que Jesús lanza sobre el hombre que se encontraba paralizado junto a la piscina, en la puerta de las Ovejas, es una Palabra de vida, de sanidad, de restitución. El enfermo, en el relato, simboliza a la humanidad entera que se encuentra enferma y que no puede sostenerse por sus propios medios. Hay algo contundente que se debe resaltar: la insolidaridad de los que están al lado de enfermo. Dice el relato que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, con un gesto de misericordia y compasión, llega a la vida del paralítico y le devuelve a la vida. La Cuaresma puede ser el tiempo en el que volvamos a aprender a ser misericordiosos y compasivos, para llenar el mundo de solidaridad y justicia, a fin de que la vida renazca de las cenizas. La invitación es a colocarnos al servicio de la vida, de parte de los proyectos de humanidad.

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