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Evangelio del día y comentario – 24 de junio de 2020

Lc 1, 57-66.80: Se llamará Juan

Nacimiento de Juan Bautista Primera lectura: Is 49, 1-6 Te hago luz de las naciones Salmo responsorial: Sal 138, 1b-3.13-15 Segunda lectura: Hch 13, 22-26 Antes de que llegara Cristo, Juan predicó

En aquel tiempo, cuando a Isabel se le cumplió el tiempo del parto, dio a luz un hijo. 58Los vecinos y parientes, al enterarse de que el Señor la había tratado con tanta misericordia, se alegraron con ella. 59Al octavo día fueron a circuncidarlo y querían llamarlo como su padre, Zacarías. 60Pero la madre intervino: No; se tiene que llamar Juan. 61Le decían que nadie en la parentela llevaba ese nombre. 62Preguntaron por señas al padre qué nombre quería darle. 63Pidió una pizarra y escribió: Su nombre es Juan. Todos se asombraron. 64En ese instante se le soltó la boca y la lengua y se puso a hablar bendiciendo a Dios. 65Todos los vecinos quedaron asombrados; lo sucedido se contó por toda la serranía de Judea 66y los que lo oían reflexionaban diciéndose: ¿Qué va a ser este niño? Porque la mano del Señor lo acompañaba. 80El niño crecía, se fortalecía espiritualmente y vivió en el desierto hasta el día en que se presentó a Israel.

Comentario

Este día hacemos memoria del nacimiento milagroso de Juan Bautista, hijo de Isabel y del sacerdote Zacarías, según el testimonio de la Escritura. La figura de Juan el Bautista es una de las más relevantes dentro de los evangelios, pues es uno de los últimos profetas que encarnan con su testimonio el proyecto de Yahvé en clave de Justicia. Hoy se necesitan este tipo de profetas; ante los modelos de gobiernos y nacionalismos extremos, se hacen urgentes hombres y mujeres que contagien como Juan, del significado del proyecto del Reino, que denuncien todo aquello en contra de la vida y, sobre todo, que iluminen con su palabra y testimonio las implicaciones que tiene vivir de acuerdo con la justicia y la misericordia. Que esta conmemoración del nacimiento de Juan siga cultivando en nuestra espiritualidad cristiana la vocación misionera y de paso nos invite a repensar nuestra fe en Jesús en clave profética en comunión con el plan salvífico de Dios.

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