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Evangelio del día y comentario – 24 de diciembre de 2019

Lc 1, 67-79: Nos visitará el sol que nace de lo alto

Gregorio, mártir (303) Primera lectura: 2Sm 7, 1-5.8b-12.14-16 Tu reino durará por siempre Salmo responsorial: Sal 88, 2-5. 27. 29

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno de Espíritu Santo, profetizó: 68Bendito el Señor, Dios de Israel, porque se ha ocupado de rescatar a su pueblo. 69Nos ha dado un poderoso Salvador en la Casa de David, su siervo, 70como había prometido desde antiguo por boca de sus santos profetas: 71para salvarnos de nuestros enemigos, y del poder de cuantos nos odian, 72manifestando su bondad a nuestros padres y recordando su alianza sagrada, 73lo que juró a nuestro padre Abrahán, que nos concedería, 74ya liberados del poder enemigo, lo sirvamos sin temor en su presencia, 75con santidad y justicia toda la vida. 76Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque caminarás delante del Señor, preparándole el camino; 77anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de los pecados. 78Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará desde lo alto un amanecer 79que ilumina a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte, que endereza nuestros pasos por un camino de paz.

Comentario

La historia de salud se ha fraguado con la inquebrantable fidelidad de Dios para salvar a su pueblo. La fidelidad consiste en mantener lo acordado cuando las adversidades amenzazan con derogarlo. La fidelidad sobrevive gracias a la corriente cotidiana que la alimenta de gestos y actos casi imperceptibles. Ser fiel es vivir atento a la persona amada. En nuestros moldes culturales, la fidelidad ha quedado asociada a la relación de intimidad en la pareja matrimonial, pero es solo un aspecto. La fidelidad se rige por los valores que se asumen en la propia vida, y esto supone establecer relaciones de diferente coloratura con las personas de nuestro entorno. La fidelidad tiene que ver con la transparencia y con la disposición a amar con toda libertad. Sin la sinceridad y la libertad en amar, la fidelidad es un yugo. El ser fiel “en lo poco” verifica la fidelidad de la escala mayor. La fidelidad de Dios a su pueblo es diaria y eso es lo que quiere de nosotros. ¿Cómo valoramos la fidelidad de Dios?

 

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