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Evangelio del día y comentario – 23 de septiembre de 2019

Lc 8, 16-18: Una lámpara se enciende para dar luz

Pío de Pietrelcina (1968) Primera lectura: Esd 1, 1-6 Hay que reedificar el Templo Salmo responsorial: Sal 125, 1-6

En aquel tiempo dijo Jesús a la muchedumbre: Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija o la mete debajo de la cama, sino que la coloca en el candelero para que los que entran vean la luz. 17No hay nada encubierto que no se descubra algún día, ni nada escondido que no se divulgue y se manifieste. 18Presten atención y oigan bien: porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aun lo que parece tener.

Comentario

Este evangelio es una prolongación de la parábola de la semilla (Lc 8, 9-15). La predicación de la Palabra debe irradiarse a los demás. Además, Jesús insta a sus discípulos a que tengan en cuenta las ideas preconcebidas presentes en ellos, cuando escuchaban su enseñanza. Es decir, con una concepción del Mesías con las categorías de triunfo imperantes en la sociedad, será difícil entender la enseñanza de Jesús sobre el sufrimiento y la persecución. Por tanto, el que escucha la Buena Nueva es una luz escondida. Como creyentes corremos el riesgo de que nuestra escucha de la Palabra no nos haga discípulos del Señor sino alcancías que solo reciben. El discípulo del Señor escucha la Palabra que no está para esconderse sino para ser luz transformadora que genera una conversión radical, propia de un auténtico discípulo que asuma por completo la causa de Jesús ¿Comparto la luz de la Palabra con los que están a mi alrededor? ¿Tengo ideas preconcebidas que me impiden responder auténticamente como discípulo del Señor?

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