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Evangelio del día y comentario – 23 de noviembre de 2020

Lc 21, 1-4: Una viuda daba limosna

Miguel Agustín Pro (1927) Clemente I (s. I) Primera lectura: Ap 14, 1-3.4b-5 Han sido rescatados para Dios Salmo responsorial: Sal 23, 1-4b.5-6

En aquel tiempo, Jesús, llevantando la vista, observó a unos ricos que depositaban sus donativos en el arca del templo. 2 Observó también a una viuda pobre que ponía unas moneditas; 3 y dijo: Les aseguro que esa pobre viuda ha puesto más que todos. 4 Porque todos ésos han depositado donativos de lo que les sobraba; pero ella en su pobreza, ha puesto cuanto tenía para vivir.

Comentario

Uno de los grandes misterios de la fe cristiana es la Encarnación del Hijo de Dios. Creemos en un Dios cercano y sencillo, que ve lo oculto, lo pequeño y conoce el valor de nuestros esfuerzos, esos que, probablemente, nadie valora. Tal como lo relata el Evangelio de Lucas, las contribuciones que se depositaban en el templo para las fiestas eran destinadas a impuestos, ofrendas, leña, utensilios y mantenimiento del lugar. Algunos aportes eran voluntarios y se depositaban en cofres ubicados en el Atrio de las Mujeres. Allí estaría Jesús observando todo ese movimiento, pero tan solo aquella viuda pobre llamó su atención. Muchos de nosotros que trabajamos con niños, jóvenes, ancianos, enfermos, con personas carentes o simplemente con otros compañeros tenemos que aprender a observar al modo de Jesús y medir no con la misma medida a todos, sino a cada uno con la medida del esfuerzo que está a su propio alcance. ¿Cómo nos miramos a nosotros mismos? ¿Sabemos valorar nuestros logros y esfuerzos cotidianos?

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