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Evangelio del día y comentario – 23 de noviembre de 2019

Lc 20, 27-40: Dios es Dios de vivos

Miguel Agustín Pro (1927) Clemente I (s. I) Primera lectura: 1Mac 6, 1-13 Antíoco se asustó y enfermó Salmo responsorial: Sal 9, 2-4 .6. 16.19

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, los que niegan la resurrección, y le preguntaron: 28Maestro, Moisés nos ordenó que si un hombre casado muere sin hijos, su hermano se case con la viuda, para dar descendencia al hermano difunto. 29Ahora bien, eran siete hermanos. El primero se casó y murió sin dejar hijos. 30Lo mismo el segundo 31y el tercero se casaron con ella; igual los siete, que murieron sin dejar hijos. 32Después murió la mujer. 33Cuando resuciten, ¿de quién será esposa la mujer? Porque los siete fueron maridos suyos. 34Jesús les respondió: Los que viven en este mundo toman marido o mujer. 35Pero los que sean dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no tomarán marido ni mujer; 36porque ya no pueden morir y son como ángeles; y, habiendo resucitado, son hijos de Dios. 37Y que los muertos resucitan lo indica también Moisés, en lo de la zarza, cuando llama al Señor Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob. 38No es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven. 39Intervinieron algunos letrados y le dijeron: Maestro, qué bien has hablado. 40Y no se atrevieron a hacerle más preguntas.

Comentario

Los saduceos negaban la resurrección, ya que en vida detentaban el poder económico y político, que les daban todo lo que necesitaban, al punto que no les importaba colaborar con los invasores romanos. Le plantean a Jesús un caso hipotético basado en una ley absolutamente degradante para las mujeres, porque implica que varios hombres tomen posesión de una misma mujer con el solo objeto de hacerla “producir” un hijo. La respuesta de Jesús es clara: hay una diferencia radical entre nuestra vida terrestre y la vida plena en la que nadie será propiedad de otro, como los ángeles. Sin caer en lo absurdo de lo planteado por los saduceos, muchas veces nos preguntamos: ¿qué hay después de la muerte? Hoy encontramos todo tipo de grupos preocupados con el fin del mundo, con los espíritus, con supuestas revelaciones o visiones del más allá. Gastamos mucho tiempo y energías en discusiones inútiles sobre estos temas en lugar de preocuparnos más por la realidad… por el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas que necesitan nuestra solidaridad.

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