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Evangelio del día y comentario – 23 de marzo de 2021

Jn 8, 21-30: Sabrán que Yo soy

Toribio de Mogrovejo (1606) Nm 21, 4-9: Quedarán sanos al mirar a la serpiente Salmo 101: Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti

En otra ocasión Jesús les dijo a los fariseos: Yo me voy, ustedes me buscarán y morirán en su pecado. A donde yo voy ustedes no pueden venir. 22Comentaron los judíos: ¿Será que se piensa matar y por eso dice que no podemos ir a donde él va? 23Les dijo: Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. 24Yo les dije que morirían por sus pecados. Si no creen que Yo soy, morirán por sus pecados. 25Le preguntaron: ¿Tú quién eres? Jesús les contestó: Esto es lo que les estoy diciendo desde el principio. 26Tengo mucho que decir y juzgar de ustedes. Pero el que me envió dice la verdad, y lo que escuché de él es lo que digo al mundo. 27No comprendieron que se refería al Padre. 28Jesús añadió: Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre, comprenderán que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como mi Padre me enseñó. 29El que me envió está conmigo y no me deja solo, porque yo hago siempre lo que le agrada. 30Por estas palabras muchos creyeron en él.

Comentario

En la historia de cada persona hay momentos de “ajá”, en los que algo se acomoda en su lugar, y algo hace sentido de una manera diferente. Ese momento del “clic” respecto a quién es Jesús será el de su “levantamiento”, en el evangelio de Juan. Se trata de una manera de referir a su muerte en cruz y a su resurrección de entre los muertos. Ese momento le dará consistencia a todo lo hecho y dicho por Jesús de manera nueva. Para el lector ese clic representa la inteligencia del origen verdadero del enviado celeste: Él es de arriba. Tener conciencia de la propia identidad es un proceso gradual que no siempre procede de una sola línea, sino que resulta del cruce e interacción de varios elementos. El medio y ambiente familiar de la infancia, determinadas experiencias puntuales de la adolescencia, el cambiante círculo de relaciones juveniles, los vaivenes laborales y familiares de la adultez, son los que forjan el modo en el que decimos “Yo soy…”. Ese “Yo soy” siempre es relacional.

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