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Evangelio del día y comentario – 23 de julio de 2020

Mt 13, 10-17: Dichosos ustedes

Brígida, fundadora (1373) Primera lectura: Jr 2, 1-3.7-8.12-13 Abandonaron la fuente de agua Salmo responsorial: Sal 35, 6-7b.8-11

Se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: ¿Por qué les hablas contando parábolas? 11El les respondió: Porque a ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos, pero a ellos no se les concede. 12Al que tiene le darán y le sobrará; al que no tiene le quitarán aun lo que tiene. 13Por eso les hablo contando parábolas: porque miran y no ven, escuchan y no oyen ni comprenden. 14Se cumple en ellos aquella profecía de Isaías: Por más que escuchen, no comprenderán, por más que miren, no verán. 15Se ha endurecido el corazón de este pueblo; se han vuelto duros de oído, se han tapado los ojos. Que sus ojos no vean ni sus oídos oigan, ni su corazón entienda, ni se conviertan para que yo los sane. 16Dichosos en cambio los ojos de ustedes porque ven y sus oídos porque oyen. 17Les aseguro que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon.

Comentario

La gente que siguió a Jesús vio en Él un profeta apasionado por la vida, un hombre que buscaba con todas sus fuerzas que el Reino de Dios fuera acogido, que la práctica de la misericordia y la justicia se hicieran realidad; que deseó que se hiciera extensivo el Reino de Dios a todas las personas de su época. ¿Por qué será que la mayoría de la gente de Israel no entendió el anuncio de Jesús? ¿Qué fue lo que no ocurrió con la gente erudita del pueblo judío para no entender el proyecto de Jesús? ¿Será esto mismo lo que está pasando en la Iglesia de hoy? Hay gente que entra en la dinámica del compartir con el pobre, de abrir espacios de participación comunitaria, que realiza proyectos alternativos y se abre al respeto por la integridad de la creación en búsqueda de ese otro mundo posible. Y por otro lado vemos una práctica religiosa que no nos mueve al compromiso, que no trasciende los límites de la ofrenda y la oración.

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