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Evangelio del día y comentario – 23 de febrero de 2021

Mt 6, 7-15: Ustedes oren así

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que por mucho hablar serán escuchados. 8 No los imiten, pues el Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan. 9 Ustedes oren así: ¡Padre nuestro que estás en el cielo! Santificado sea tu Nombre, 10venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; 11danos hoy nuestro pan de cada día, 12perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; 13no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.14Pues si perdonan a los demás las ofensas, su Padre del cielo los perdonará a ustedes, 15pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Reflexión

¿Qué le da entusiasmo a nuestra vida? El profeta mira la Palabra de Dios como agua de lluvia, destinada a calar hondo, hasta hacer florecer la comunidad humana. La mejor lluvia es la mansa y constante, no hace corriente, sino que baja despacito, despacito para empapar la tierra y se queda allí hasta el sol de mediodía. Así ha de ser la Palabra de Dios, en la sociedad nuestra. No requiere de alharaca ni programas grandiosos, sino de persistencia que venza las resistencias. ¿Cómo hacemos que la palabra irrigue todos los aspectos de la vida humana? Primero hacia dentro, luego hacia fuera, en una dinámica incesante, envolvente, fructífera. Parte de la fertilidad es transformar los insumos en savia. Ser agentes de transformación. ¿Somos capaces de reconocer la presencia de la Palabra que otros han sembrado? El Documento de Aparecida solicita que los discípulos misioneros se sumen a los esfuerzos de otras entidades que trabajan por la paz y la justicia. Solo quien tiene esa conciencia puede hacer suyas las palabras de Jesús: Padre nuestro.

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