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Evangelio del día y comentario – 23 de abril de 2020

Jn 3, 31-36: El Padre ama al Hijo

Adalberto (997) Jorge (303) Primera lectura: Hch 5, 27-33 Nosotros somos testigos Salmo responsorial: Sal 33, 2.9.17-20

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Quien viene de arriba está por encima de todos. Quien viene de la tierra es terreno y habla de cosas terrenas. Quien viene del cielo está por encima de todos. 32Él atestigua lo que ha visto y oído, y nadie acepta su testimonio. 33Quien acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. 34El enviado de Dios habla de las cosas divinas, porque Dios le da el Espíritu sin medida. 35El Padre ama al Hijo y todo lo pone en sus manos. 36Quien cree en el Hijo tiene vida eterna. Quien no cree al Hijo, no verá la vida, porque lleva encima la ira de Dios.

Comentario

Dios concede el Espíritu Santo a cuantos creen que Él resucitó a Jesús de Nazaret, es lo que anuncian los apóstoles en Jerusalén. El Espíritu de Dios empuja al testimonio de palabra y de obra al cristiano, incluso bajo las condiciones adversas y amenazantes que muchas veces le rodean. Dios no niega su Espíritu a quien confiesa la vida nueva de Cristo resucitado, porque la confesión es producto del mismo Espíritu. A nuestro alrededor podemos distinguir a muchos testigos de la fe en la vida nueva. Descubrimos a los que acompañan a enfermos, encarcelados y angustiados, a los comprometidos en la educación de los empobrecidos, a los que crean trabajos dignos y suficientes, a los que apoyan a migrantes y discriminados, a los que buscan justicia y equidad, a los luchadores sociales por la fraternidad y a los mártires de la fe. En ellos se manifiesta el Espíritu de Dios. De las personas a mi lado, ¿quién es un testigo de Cristo? ¿Cómo me uno a su testimonio?

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