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Evangelio del día y comentario – 22 de septiembre de 2019

Lc 16, 1-13: No se puede servir a Dios y al dinero

25o Ordinario Mauricio y Comps. mártires (302) Primera lectura: Am 8, 4-7 Compras al indefenso Salmo responsorial: Sal 112, 1-2. 4-8 Segunda lectura: 1Tim 2, 1-8 Pidan a Dios por todos los hombres

Jesús les decía a los a los discípulos: Un hombre rico tenía un administrador. Le llegaron quejas de que estaba derrochando sus bienes. 2 Lo llamó y le dijo: ¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuentas de tu administración, porque ya no podrás seguir en tu puesto. 3 El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer ahora que el dueño me quita mi puesto? Para cavar no tengo fuerzas, pedir limosna me da vergüenza. 4 Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me despidan, alguno me reciba en su casa. 5 Fue llamando uno por uno a los deudores de su señor y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor? 6 Contestó: Cien barriles de aceite. Le dijo: Toma el recibo, siéntate enseguida y escribe cincuenta. 7 Al segundo le dijo: Y tú, ¿cuánto debes? Contestó: Cuatrocientos quintales de trigo. Le dice: Toma tu recibo y escribe trescientos. 8 El dueño alabó al administrador deshonesto por la astucia con que había actuado. Porque los hijos de este mundo son más astutos con sus semejantes que los hijos de la luz. 9 Y yo les digo que con el dinero sucio se ganen amigos, de modo que, cuando se acabe, ellos los reciban en la morada eterna. 10El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es deshonesto en lo mucho. 11Si con el dinero sucio no han sido de confianza, ¿quién les confiará el legítimo? 12Si con lo ajeno no han sido de confianza, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? 13Un empleado no puede estar al servicio de dos señores: porque odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero.

Comentario

Amós proclama, en la primera lectura, una requisitoria contra los ricos. El profeta cuestiona a los comerciantes de su tiempo, cuya única preocupación era el lucro y por eso mismo recurrían a la estafa. Este panorama genera un contexto social donde se negocia hasta la vida de las personas. “Ustedes compran al pobre por un par de sandalias”. La intervención de Dios es cuestionar a aquellos que insultan a los pobres, pues cada agresión a ellos es una ofensa a Él mismo. Amós, con firmeza y valentía, en el nombre de Dios, anuncia que los opresores del Pueblo de Israel verán próximamente su castigo.

El salmo responsorial, inspirado en el cantico de Ana, resalta que Dios mira a los débiles y a los pobres y acude en su socorro; la mirada de Dios es compasiva, afectiva y efectiva. La intervención de Dios está en “levantar del polvo al desvalido” para restaurar la vida del pobre y devolverle su dignidad, su salud, su bienestar y su integridad.

La carta de Pablo a Timoteo afirma que Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Dios también es juez, como lo afirma el texto de Amós del día de hoy, y es misericordioso como lo dice el salmo responsorial. Esta misericordia se manifiesta en Cristo, de donde deriva la responsabilidad que tenemos de orar por todos los seres humanos, y el orante tiene la tarea de llevar una vida pura y libre, evitando cualquier clase de ira, enojo e injusticia.

El texto evangélico de Lucas ofrece a la reflexión la parábola de la administración de los bienes. Jesús presenta dos facetas: el administrador deshonesto y la exhortación sobre la prelación de Dios sobre el dinero. Jesús no pondera el acto de maldad del administrador sino su habilidad para calcular bien las cosas y encontrar una salida pronta frente a una realidad inesperada. Ser hijo de la luz implica el cultivo de la capacidad crítica y creativa para resolver los problemas que se nos van presentando. En cuanto a los bienes, el dinero nos es confiado como un medio para servir a la comunidad y no como un instrumento para humillar o estafar a los demás, especialmente a los más pobres y vulnerables de nuestro entorno. El discípulo de Jesús debe evitar que el dinero se convierta en un dios, y por lo mismo, el creyente está llamado a buscar la riqueza de su vida en Dios, en un plano de justicia y equidad. ¿Cuál es tu actitud frente al dinero? ¿Cómo resuelves tus problemas económicos? ¿Cómo ayudas a los pobres?

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