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Evangelio del día y comentario – 21 de octubre de 2020

Lc 12, 39-48: Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá

Laura Montoya Upegui (1949) Primera lectura: Ef 3, 2-12 El misterio de Cristo ha sido revelado Salmo responsorial: Interleccional Is 12, 2-6

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Entiendan bien esto: si el dueño de casa supiera a qué hora iba a llegar el ladrón, no le dejaría abrir un boquete en su casa. 40Ustedes también estén preparados, porque cuando menos lo piensen llegará el Hijo del Hombre. 41Pedro le preguntó: Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos? 42El Señor contestó: ¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su personal, para que les reparta las raciones de comida a su tiempo? 43Dichoso aquel sirviente a quien su señor, al llegar, lo encuentre actuando así. 44Les aseguro que le encomendará administrar todos sus bienes. 45Pero si aquel sirviente, pensando que su señor tarda en llegar, se pone a pegar a los muchachos y muchachas, a comer y beber y emborracharse, 46llegará el señor de aquel sirviente el día y la hora menos esperados, lo castigará y lo tratará como a los traidores. 47Aquel sirviente que, conociendo la voluntad de su señor, no prepara las cosas ni cumple lo mandado, recibirá un castigo severo; 48pero aquel que sin saberlo, cometa acciones dignas de castigo, será castigado con menos severidad. A quien mucho se le dio mucho se le pedirá; a quien mucho se le confió mucho más se le exigirá.

Comentario

Una canción mexicana de Gualberto Castro, de los años 70, decía: “¿Quién hizo los muros y no construyó los puentes? Me sobran palabras que nadie comprende”. Parece que las personas nos ocupamos más en distanciarnos que en acercarnos. Pablo, en la carta a los Efesios, afirma la superación del distanciamiento entre judíos y gentiles, en favor de un único pueblo de Dios. La unidad es un don del Espíritu y una labor constante de la comunidad. La vida cristiana, como la unidad de la comunidad, es un don y una tarea; una gracia de Dios y una responsabilidad humana, por eso Jesús, en el texto evangélico, sigue hablando de la vigilancia, como actitud laboriosa y no como paciente espera. Habla de ella como una bienaventuranza: “Dichoso aquel sirviente a quien su señor, al llegar, lo encuentre trabajando”. La Iglesia Católica, aparte de pedir perdón por los errores que han cometido últimamente algunos clérigos, necesita construir puentes con las personas lastimadas. ¿Cómo favorecemos la integración de la comunidad? ¿Vigilo el bienestar de mis vecinos?

 

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