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Evangelio del día y comentario – 21 de noviembre de 2020

Lc 20, 27-40: Es Dios de vivos

Ntra. Sra. de Quinche Ntra. Sra. de la Paz Primera lectura: Ap 11, 4-11 No llueve mientras profetizan Salmo responsorial: Sal 143, 1.2.9-10

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, los que niegan la resurrección, y le preguntaron: 28Maestro, Moisés nos ordenó que si un hombre casado muere sin hijos, su hermano se case con la viuda, para dar descendencia al hermano difunto. 29Ahora bien, eran siete hermanos. El primero se casó y murió sin dejar hijos. 30Lo mismo el segundo 31y el tercero se casaron con ella; igual los siete, que murieron sin dejar hijos. 32Después murió la mujer. 33Cuando resuciten, ¿de quién será esposa la mujer? Porque los siete fueron maridos suyos. 34Jesús les respondió: Los que viven en este mundo toman marido o mujer. 35Pero los que sean dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no tomarán marido ni mujer; 36porque ya no pueden morir y son como ángeles; y, habiendo resucitado, son hijos de Dios. 37Y que los muertos resucitan lo indica también Moisés, en lo de la zarza, cuando llama al Señor Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob. 38No es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven. 39Intervinieron algunos letrados y le dijeron: Maestro, qué bien has hablado. 40Y no se atrevieron a hacerle más preguntas.

Comentario

En algunos países latinoamericanos y caribeños, hay celebraciones muy antiguas sobre los muertos en las que se ponen altares, se encienden velas y se presentan ofrendas. También en tiempo de Jesús había diversas ideas sobre el significado de la muerte. Algunos creían que los muertos iban al seol, palabra hebrea que significa un lugar de olvido y oscuridad, fuera de la presencia de Dios. Sin embargo, iba surgiendo la idea de que Dios premiaría con una vida eterna especialmente a quienes habían muerto dando testimonio de fidelidad a Dios. Esta idea de resurrección existía en un sector del judaísmo, ya desde el Antiguo Testamento, pero había quienes dudaban, como los saduceos, aquellos que se habían enquistado en el poder del Templo. Tras la muerte de Jesús, la fe en la resurrección proclama la victoria del Dios que reivindica a la víctima inocente. Dios no se olvida de su pueblo, y menos de su Hijo Amado. Cristo vive, ¡Aleluya!! Será el primer credo de los seguidores de Jesús y el Dios de la Vida.

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