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Evangelio del día y comentario – 21 de marzo de 2021

Jn 12, 20-33: Si el grano cae en tierra dará fruto

5º Cuaresma Nicolás de Flüe (1497) Jr 31, 31-34: Haré una alianza nueva Salmo 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro Heb 5, 7-9: Aprendió a obedecer

En aquel tiempo, había unos griegos que habían subido para los cultos de la fiesta. 21Se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: Señor, queremos ver a Jesús. 22Felipe va y se lo dice a Andrés; Felipe y Andrés van y se lo dicen a Jesús. 23Jesús les contesta: Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado. 24Les aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 25El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. 26El que quiera servirme, que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor; si uno me sirve, lo honrará el Padre. 27Ahora mi espíritu está agitado, y, ¿qué voy a decir? ¿Que mi Padre me libre de este trance? No; que para eso he llegado a este trance. 28Padre, da gloria a tu Nombre. Vino una voz del cielo: Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré. 29La gente que estaba escuchando decía: Ha sido un trueno. Otros decían: Le ha hablado un ángel. 30Jesús respondió: Esa voz no ha sonado por mí, sino por ustedes. 31Ahora comienza el juicio de este mundo y el príncipe de este mundo será expulsado. 32Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí. 33Lo decía indicando de qué muerte iba a morir.

Comentario

A lo largo de la historia podemos atestiguar el quebrantamiento de un sin número de pactos establecidos entre pueblos y naciones, pero también entre colectivos e individuos. Muchas veces la ruptura se origina por el deterioro de la relación entre las partes comprometidas en alianza, o porque se presenta una nueva circunstancia que vuelve obsoleto lo acordado, o porque ya no conviene a alguna de las partes lo establecido anteriormente. Pero también la renovación de un pacto es algo que podemos presenciar con cierta regularidad.

Cuando el pueblo de la Biblia se vio sometido a potencias extranjeras, lo entendió como un castigo por infringir las cláusulas de su alianza con Dios en el Sinaí. El reconocimiento de la propia culpabilidad es la condición que abrió la posibilidad de un futuro diferente. El pasado, sin embargo, está allí, como un terco recuerdo de su infidelidad y como acicate para no perpetrar los mismos delitos. Pero lo que Dios anuncia proféticamente no dependerá de las disposiciones del pueblo, sino exclusivamente de Él. En la alianza nueva que Dios propone no habrá cláusula condicionante por las transgresiones del pasado, sino un indulto que se vuelve garantía de fidelidad. Esa alianza nueva, los cristianos la miran realizada en Jesús. Se participa en la alianza nueva mediante la fe en Cristo Jesús, que se expresa en ritos de admisión como son los de la iniciación cristiana, bautismo, confirmación y eucaristía. El creyente entra en la alianza nueva, para cumplir los preceptos y beneficiarse de los derechos que vivir en una comunidad histórica representa. Con mucha frecuencia, sin embargo, ese marco referencial de vivir en alianza con Dios en Cristo, conformando un pueblo de profetas, reyes y sacerdotes, queda en el olvido.

Ser miembro del pueblo de Dios es un privilegio singular pero sobre todo una responsabilidad histórica indeclinable. En nuestros días, los retos que confrontan los cristianos son colosales. Pero también los talentos disponibles y las oportunidades de crear redes de acción son insospechados. Ser pueblo de Dios, Iglesia en cualquiera de sus denominaciones, representa esencialmente crear relaciones vitales entre los miembros y con el Dios de Jesucristo. Estamos aprendiendo modos nuevos de ser pueblo de Dios, a partir de los valores del Evangelio, las Semina Verbi de antaño, que se encuentran generando bondad, verdad y justicia, en todos los rincones sociales. Ese es el modo de exorcizar al mundo actual.

La alianza nueva no solo es un pacto teológico que se renueva al interior de los creyentes, sino un modo de vivir en comunión con quienes no pertenecen al mismo conventículo; es una alianza universal y cósmica, cuyo centro es el hombre y la mujer primigenios, hechos a imagen y semejanza del Creador. ¿Cuáles son los valores de la nueva alianza que fomentamos con nuestros modos de vivir?

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