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Evangelio del día y comentario – 21 de junio de 2020

Mt 10, 26-33: No teman a quienes matan el cuerpo

12º Ordinario Luis Gonzaga (1591) Primera lectura: Jr 20, 10-13 Libró al pobre de los impíos Salmo responsorial: Sal 68, 8-10.14y 17.33-35 Segunda lectura: Rom 5, 12-15 La muerte reino desde Adán

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: No tengan miedo a los hombres porque no hay nada encubierto que no se descubra, ni escondido que no se divulgue. 27Lo que les digo de noche díganlo en pleno día; lo que escuchen al oído grítenlo desde los techos. 28No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma; teman más bien al que puede arrojar cuerpo y alma en el infierno. 29¿No se venden dos gorriones por pocas monedas? Sin embargo ni uno de ellos cae a tierra sin permiso del Padre de ustedes. 30En cuanto a ustedes, hasta los pelos de su cabeza están contados. 31Por tanto, no les tengan miedo, que ustedes valen más que muchos gorriones. 32Al que me reconozca ante la gente yo lo reconoceré ante mi Padre del cielo. 33Pero al que me niegue ante la gente, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.

Comentario

El camino de la resistencia y de la lucha de hombres y mujeres a lo largo de la historia ha dejado siempre una huella de esperanza de cambios y alternativas para los pueblos. Ante grandes desafíos como el de la violencia racial o religiosa, las dictaduras militares, entre otros, emergieron siempre personas capaces de liderar utopías que vencieran las cadenas de la muerte y del odio. Muchos de éstos que han luchado quedarán en la memoria porque, a pesar de sus muertes, sus causas no murieron.

Hoy, la liturgia nos comparte la fuerza de la Palabra de Dios; palabra profética en la historia a través del profeta Jeremías y de Jesús. Desde luego, Jeremías dentro de sus confesiones no duda en reconocer los peligros a que se expone por comunicar esa Palabra, de lo difícil que le significa su ministerio en medio de su gente. Sin embargo, él tampoco pone en duda que Dios es quien lo protege. Al fin de cuentas, fue Dios quien lo ha escogido para una misión irresistible que él mismo asume con valentía y entrega.

Por su parte, en el evangelio de Mateo, Jesús profeta del Reino de Dios, inculca también en los discípulos el significado de asumir los retos de este proyecto. El Reino de Dios viene cargado con buenas noticias para los oprimidos y excluidos, es un Reino de esperanza para los desheredados de esta historia. El Reino es sin duda, la pasión de Jesús, es el proyecto de Dios para todos. Sin embargo, las fuerzas del antiReino aparecen como enemigas de este plan, por eso, estas palabras de Jesús tienen hoy una profunda relevancia, porque los poderosos aparecen poniendo en riesgo la vida de quienes asumen con criterio subversivo el plan de Dios. Por este motivo, aunque parezca que la Buena Noticia sea una causa perdida, no lo es. Este proyecto es de Dios y es Él quien da la confianza y fortaleza a quienes se comprometen a su causa. En consecuencia, no hay que tener miedo, ya los evangelios narran cómo Jesús anticipó, con su vida y su entrega, su pasión por la causa del Reino y por el pueblo oprimido y excluido de este mundo. Para reflexionar: ¿qué tanta fe tenemos como para asumir con radicalidad el proyecto de Jesús en la cotidianidad de nuestro mundo? ¿Somos capaces de asumir el reto de hacer posible lo imposible?

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