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Evangelio del día y comentario – 21 de febrero de 2021

Mc 1, 12-15: Los Ángeles le servían

En aquel tiempo, el Espíritu llevó a Jesús al desierto, 13donde pasó cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía con las fieras y los ángeles le servían. 14Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar la Buena Noticia de Dios. 15Decía: Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia.

Reflexión

Por generaciones, hemos sido un pueblo cargado de promesas, y, en cierto modo, han sido esas promesas el modo nuestro de caminar hacia el futuro. Las promesas son palabras que atrapan un futuro apetecible para sembrarlo aquí y ahora, y cultivar una cosecha satisfactoria. Eso son las promesas. Rebasan lo que ahora se posee, o quizá sea mejor decir que lo preñan con el sueño del futuro. Son palabras poderosas que convocan la fuerza del todavía no, para hacer diferente el presente. Cierto, hay promesas vacías y las hay avaladas. Unas son meras ilusiones, sin asidero en el presente; las otras son motores de vida. El Señor Jesús aportó a la vida de los creyentes otra dimensión: la del cumplimiento de las promesas: ¡El tiempo está cumplido! Gracias a ese cumplimiento, los creyentes pueden vivir la plenitud anunciada como Reino de Dios, de generación en generación.

El tiempo cumplido deja atrás todo lo demás, sea esto visto como preparación o como obstáculo; lo que no es cumplimiento incuba lo insatisfactorio o incompleto. Por eso el Heraldo del Reino, Jesús, proclama dejar atrás lo que obstaculiza la llegada de la plenitud de la vida: ¡Arrepiéntanse! Hay que remover lo que no hace florecer la plenitud. Lo que Jesús reclama es abandonar esas formas insatisfactorias de vida para abrazar las del Reino de Dios. Digámoslo de nuevo. El arrepentimiento humano tiene cabida cuando algo impide que la salvación de Dios, el cumplimiento del Reino, ancle en la realidad humana, en algo histórico y patente. De modo que si el Reino de Dios no se ha vuelto experiencia en la vida de las personas que conforman la comunidad cristiana, habrá que escrutar las causas y remover, arrepentirse, cualquier cosa que evita que el Reino esté a la mano. Esa experiencia la hizo el Mesías en el desierto: tentado por Satanás, inmune a las fieras salvajes y con los mensajeros divinos a su servicio.

El relato del diluvio en el Génesis, culmina en la alianza que Dios sella con todas las criaturas vivas. Por garantía, cuelga del cielo los colores de la vida que junta en el arcoíris. Dios nos quiere vivos en la tierra; por eso estamos aquí, pero nos corresponde colaborar con la vida y sus colores, no con la muerte y su legado. ¿Creemos en la novedad de la vida del Reino?

En la Carta de Pedro, se afirma que Cristo ha sometido a todas las fuerzas maléficas que podían dañar a los humanos. En ese Mesías creemos, porque es el motor que nos lanza a trabajar por la novedad del Reino de la vida, de la dignidad y de la libertad de todos los hijos de Dios. ¿Qué impide la presencia del Reino entre nosotros?

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