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Evangelio del día y comentario – 21 de agosto de 2020

Mt 22, 34-40: Amarás al Señor, tu Dios

Pío X (1914) Primera lectura: Ez 37, 1-14 Huesos secos, escuchen al Señor Salmo responsorial: Sal 106, 2-9

La primera realidad que ha de golpear la conciencia de quien escucha el mensaje de Jesús, en el relato del evangelio de hoy, es que Dios es amor. Esta revelación contundente que hace Jesús a los suyos cambiará la lógica no solo de entender a Dios, sino también las relaciones humanas. Por eso para entrar en la lógica y en la propuesta de vida que hace Jesús es necesario, obligatorio e indispensable amar. Esto no tiene vuelta de hoja. Toda la propuesta de Jesús es una invitación al creyente a llegar a ser como Dios. Ello no significa que el creyente lo tiene todo en las propias manos, sino que el creyente coloca todo en las manos de los demás, en las manos del mismo Padre y en las manos de los hermanos para hacer de este mundo una experiencia repleta de humanidad y de vida abundante. A Dios solo lo podemos experimentar en el corazón. Amar es tener al hermano y a la hermana en el propio corazón. Esa es la novedad de ser cristiano.

Comentario

La primera realidad que ha de golpear la conciencia de quien escucha el mensaje de Jesús, en el relato del evangelio de hoy, es que Dios es amor. Esta revelación contundente que hace Jesús a los suyos cambiará la lógica no solo de entender a Dios, sino también las relaciones humanas. Por eso para entrar en la lógica y en la propuesta de vida que hace Jesús es necesario, obligatorio e indispensable amar. Esto no tiene vuelta de hoja. Toda la propuesta de Jesús es una invitación al creyente a llegar a ser como Dios. Ello no significa que el creyente lo tiene todo en las propias manos, sino que el creyente coloca todo en las manos de los demás, en las manos del mismo Padre y en las manos de los hermanos para hacer de este mundo una experiencia repleta de humanidad y de vida abundante. A Dios solo lo podemos experimentar en el corazón. Amar es tener al hermano y a la hermana en el propio corazón. Esa es la novedad de ser cristiano.

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