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Evangelio del día y comentario – 20de agosto de 2019

Mt 19, 23-30: Para Dios todo es posible

Bernardo, abad y doctor (1153) Primera Lectura: Jue 6, 11-24a Gedeón, salva a Israel. ¡Yo te envío! Salmo responsorial: Sal 84, 9. 11-14

Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 24Se los repito, es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios. 25Al oírlo, los discípulos quedaron muy espantados y dijeron: Entonces, ¿quién podrá salvarse? 26Jesús los quedó mirando y les dijo: Para los hombres eso es imposible, para Dios todo es posible. 27Entonces Pedro le respondió: Mira, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué será de nosotros? 28Jesús les dijo: Les aseguro que en el mundo nuevo, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. 29Y todo aquel que por mí deje casas, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y heredará vida eterna. 30Muchos de los primeros serán los últimos y muchos de los últimos serán los primeros.

Comentario

“Entrar en el Reino” significa seguir a Jesús en la comunidad cristiana. Con la imagen del camello y la aguja, Jesús indica que la riqueza es incompatible con el discipulado. Los discípulos se sorprenden porque todavía no han comprendido el mensaje de la multiplicación de los panes. El dinero o los bienes materiales no son malos en sí mismos, lo malo es la ambición y el uso egoísta de ellos. Los panes y los peces son bienes materiales que se multiplican milagrosamente cuando se comparten y se reparten. La ambición y la riqueza son como virus que enferman y eliminan los valores de la solidaridad, la justicia y la equidad. Abandonar esta idolatría del dinero es muy difícil, pero en el corazón de Dios siempre hay una puerta abierta para la conversión. En su respuesta a Pedro, Jesús deja claro que renunciar a la riqueza no significa optar por la miseria, al contrario, Dios multiplica las cosas básicas y sencillas que nos proporcionan calidad de vida y nos hacen realmente felices. Así comienza la vida eterna.

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