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Evangelio del día y comentario – 20 de septiembre de 2021

Lc 8, 16-18: Una lámpara se enciende para dar luz

Gaetano Catanoso (1963) Kim Taegon, Pablo Chong y comp. (1846) Esd 1, 1-6: Hay que reedificar el Templo Salmo 125: El Señor ha estado grande con nosotros

En aquel tiempo dijo Jesús a la muchedumbre: Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija o la mete debajo de la cama, sino que la coloca en el candelero para que los que entran vean la luz. 17No hay nada encubierto que no se descubra algún día, ni nada escondido que no se divulgue y se manifieste. 18Presten atención y oigan bien: porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aun lo que parece tener.

Comentario

En esta coyuntura histórica, como discípulos de Jesús, somos «convocados sinodalmente» a vivir-nos con transparencia evangélica. Este modo de vida trae como consecuencia asumir, con lucidez y atención, la existencia humana según el querer humanizador de Dios. Es un vivir encarnado incomprensible para la cultura de la imagen, de la banalidad y del pasatiempo en la que nos encontramos inmersos. Vivir-nos evangélicamente es hacerlo desde la atención, “constituyéndonos un bloque sensorial, psíquico y espiritual, presente y consciente, ante toda la dinámica existencial de la propia vida, ante la expresividad del mundo, ante la sinfonía de detalles cotidianos en los que esa expresividad se concreta”, como lo dice Armando Rojas. Ello implica, ante toda ideología, absolutización de la palabra y orden establecido de violencia, un vivir-nos evangélicamente lúcido donde la gratuidad y la libertad vienen como encarnación solidaria y autopedagógica en los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres, excluidos y cuantos sufren. ¿Obramos a consecuencia según el Evangelio?

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