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Evangelio del día y comentario – 20 de noviembre de 2020

Lc 19, 45-48: Mi casa es de oración

Andrés Solá y comps. (1927) Primera lectura: Ap 10, 8-11 Me comí el librito Salmo responsorial: Sal 118, 14.24.72.103.111.131

Jesús entró en el templo y se puso a echar a los mercaderes 46diciéndoles: Está escrito que mi casa es casa de oración y ustedes la han convertido en cueva de asaltantes. 47A diario enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los letrados y los jefes del pueblo intentaban matarlo; 48pero no encontraban cómo hacerlo, porque todo el pueblo estaba pendiente de sus palabras.

Comentario

Jesús llega a la ciudad, centro de todos los poderes, y se dirige al templo, corazón del poder religioso. En las fiestas judías, en especial la Pascua, el templo y toda la ciudad se convertían en un tumulto de peregrinos que llegaban de muchos lados. En las cercanías del templo había vendedores de todo tipo de ofrendas, animales, aromas e inciensos. Además había cambistas de monedas, porque las que se depositaban en el templo eran de cuño propio y no se aceptaba otro tipo de ellas. Los peregrinos hacían sus rituales religiosos y, quiénes podían, ofrendas monetarias para el funcionamiento del templo. Todo un sistema religioso atravesado por intereses particulares y por el dinero como medio y como fin. A veces es difícil darse cuenta cuándo se comienza a invertir el valor de las cosas, es decir, cuándo el dinero deja de ser un medio para convertirse en el centro de las acciones. Tanto en casa como en las comunidades no estamos exentos de este riesgo. ¿Estamos atentos?

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