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Evangelio del día y comentario – 20 de noviembre de 2019

Lc 19, 11-28: ¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?

Andrés Solá y comps. (1927) Primera lectura: 2Mac 7, 1.20-31 El Creador les devolverá la vida Salmo responsorial: Sal 16, 1. 5-6. 8b.15

Como la gente lo escuchaba, Jesús añadió una parábola… Un hombre noble se fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver. 13Llamó a diez sirvientes suyos, les entregó una gran cantidad de dinero y les encargó: Háganla producir hasta que yo vuelva… Volvió una vez nombrado rey y llamó a los sirvientes… 16Se presentó el primero y dijo: Señor, tu dinero ha producido diez veces más. 17Le respondió: Muy bien, sirviente diligente; por haber sido fiel en lo poco, administrarás diez ciudades. 18Se presentó el segundo y dijo: Señor, tu dinero ha producido cinco veces más. 19Le respondió: Pues tú administrarás cinco ciudades. 20Se presentó el tercero y dijo: Aquí tienes tu dinero, que he guardado en un pañuelo. 21Te tenía miedo porque eres riguroso: retiras lo que no has depositado, y cosechas lo que no has sembrado. 22Él le respondió: Por tu boca te condeno, sirviente indigno. Sabías que soy riguroso, que retiro lo que no he depositado y cosecho lo que no he sembrado. 23¿Por qué no pusiste mi dinero en un banco, para que, al volver yo, lo cobrara con los intereses? 24Después ordenó a los presentes: Quítenle el dinero y dénselo al que consiguió diez veces más…26Yo les digo que a quien tiene se le dará y a quien no tiene se le quitará aun lo que tiene…

Comentario

Generalmente cuando se explica la parábola “de los talentos” se pone énfasis en cómo se invierten los dones que hemos recibido. Dios nos da diferentes habilidades y destrezas… depende de cada persona el hacer fecundo ese regalo. Se trata de usar los “talentos” personales para servir a la construcción del Reino. Pero en la parábola hay un siervo que no hace nada con su talento. ¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué el “siervo indigno” no hizo producir el talento? Este siervo tiene una imagen falsa de su Señor, solo conoce al Dios del castigo y por eso no se arriesga a actuar, el miedo lo paraliza. En realidad no hace nada malo, pero al conservar su talento y no “invertir” creativamente en pro del crecimiento del Reino, peca por omisión. Y ¿cuál es nuestra respuesta personal al don recibido? ¿Qué hacemos como comunidad eclesial? Sabiendo que el Dios de Jesús no es un rey castigador sino un Padre lleno de misericordia, podemos arriesgarlo todo y hacer fructificar nuestros talentos.

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