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Evangelio del día y comentario – 20 de diciembre de 2020

Lc 1, 26-38: Darás a luz un hijo

4º de Adviento Vicente Romano (1831) Domingo de Silos (1073) Primera lectura: 2Sm 7, 1-5.8b-12.14a.16 Su reino durará por siempre Salmo responsorial: Sal 88, 2-3.4-5.27.29 Segunda lectura: Rom 16, 25-27 El misterio se ha manifestado

Se acerca la Navidad. Se acerca la fiesta de la memoria de un Dios que ha decidido hacerse presente de una manera nueva en la historia. No tanto con una presencia en una casa construida de piedras como quiere el rey David, sino con una presencia en las entrañas virginales de una jovencita humilde de Nazaret. El arca del Señor como nos recuerda el profeta Samuel no es ya una casa de materiales de construcción sino la presencia de un Dios que acompañó a su pueblo Israel y con Él a todos los pueblos de la tierra insertándose en sus tribulaciones y en sus esperanzas. ¡Qué hermosa metodología la del Emmanuel! No le interesa tanto una construcción material sino insertarse en la marcha de la historia con una presencia increíble. En Navidad tenemos que admirar esa pedagogía de Dios que escoge las periferias del mundo para iniciar un movimiento de resistencia, de creatividad, un movimiento de gracia y por eso el salmista nos invita en este cuarto domingo de Adviento a cantar eternamente las misericordias de Dios. Este Emmanuel para hacerse presente pide a la humanidad vaciarse de sí misma como hace María con la humildad de una sierva de Dios. Vaciarse de poder, de orgullo imitando a María que se presenta como la servidora del Señor.

La humildad de María y el amor desbordante de Dios inundan el mundo desde este hermoso día en que una jovencita, de … ¿cuántos años? ¿dieciséis, dieciocho?, dijo “Sí” en nombre de toda la humanidad al Dios que viene, al Dios que se acerca en la humildad de nuestra humanidad plagada de sufrimientos, alegrías y de esperanzas. También nosotros nos preguntamos como María: pero ¿cómo puede ser eso posible si somos una humanidad pobre y necesitada de ayuda? La respuesta: el Espíritu de Dios inundará las entrañas de esta vida humana, de esta humanidad sufriente para acompañarnos en la larga caminata hacia la plenitud, hacia la liberación. El ángel Gabriel sabe responder en nombre de Dios a la pregunta de María y a nuestras preguntas: pero ¿cómo puede suceder semejante alegría? Y la respuesta es muy bella para recordarla en esta víspera navideña: mira, tu parienta Isabel ha concebido en su vejez. “Mira”, nos diría a nosotros hoy, “mira qué cantidad de cosas maravillosas suceden hoy en el mundo signos de esa presencia cariñosa del Dios que viene todo el tiempo. El Dios que no nos abandona jamás”.

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