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Evangelio del día y comentario – 2 de septiembre de 2019

Lc 4, 16-30: Ningún profeta es aceptado en su patria

Salomón Leclercq (1792) Bartolomé Gutiérrez (1632) Primera lectura: 1Tes 4, 13-18 Dios los llevará con Jesús Salmo responsorial: Sal 95, 1. 3. 4-5. 11-13

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró un sábado en la sinagoga y se puso en pie para hacer la lectura. 17Le entregaron el libro del profeta Isaías. Lo abrió y encontró el texto que dice: 18El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, 19para proclamar el año de gracia del Señor.20Lo cerró, se lo entregó al ayudante y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. 21Él empezó diciéndoles: Hoy, en presencia de ustedes, se ha cumplido este pasaje de la Escritura. 22Todos lo aprobaban, y estaban admirados por aquellas palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: Pero, ¿no es este el hijo de José? 23Él les contestó… Les aseguro que ningún profeta es aceptado en su patria…28Al oírlo, todos se indignaron. 29Levantándose, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron a un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad, con intención de despeñarlo. 30Pero él, abriéndose paso entre ellos, se alejó.

Comentario

Jesús comienza su ministerio público en Nazaret. Retoma las palabras de Isaías para anunciar su plan de acción misionero que está inspirado en el Espíritu Santo, tiene como destinatarios privilegiados a los pobres y fija como objetivo la liberación de los oprimidos y la proclamación del año de gracia del Señor. El plan tiene coherencia con el Reino de Dios, pero no es entendido ni aceptado por sus coterráneos, debido al fanatismo religioso y político que los enceguece. No pueden creer que alguien de ellos mismos sea el ungido de Dios. Aún hoy, nos cuesta creer en lo nuestro y los nuestros, en que la profecía puede ser un producto nacional. La gente de Nazaret, con gran indignación, pero con poco sentido crítico, intenta eliminar a Jesús, un presagio de lo que le sucederá después en Jerusalén, a manos de las autoridades de Israel. Jesús se abre camino y se aleja, dejando claro que su vida y su Palabra, a pesar de estar constantemente expuestas al precipicio, siempre estarán vivas y presentes en el mundo.

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