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Evangelio del día y comentario – 2 de octubre de 2019

Lc 9, 57-62: Te seguiré adonde vayas

Ángeles custodios Primera lectura: Neh 2, 1-8 Quiero ir a reconstruir la ciudad Salmo responsorial: Sal 136, 1-6

En aquel tiempo, mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, uno le dijo: Te seguiré adonde vayas. 58Jesús le contestó: Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 59A otro le dijo: Sígueme. Le contestó: Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre. 60Le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el reino de Dios. 61Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero primero déjame despedirme de mi familia. 62Jesús le dijo: El que ha puesto la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios

Comentario

En el camino a Jerusalén, Jesús se encuentra con tres candidatos a ser discípulos, y desde ahí aprovecha para mostrar las condiciones del discipulado. Los rasgos son los siguientes: en primer lugar, el discípulo debe despojarse de todo y no buscar falsas seguridades. El verbo “reclinar la cabeza”, de origen veterotestamentario, recoge la idea de que el orante reclina su corazón en la Ley porque para el judío es fuente de instrucción, mientras que Jesús no tiene donde reclinar la cabeza porque la ley no es su alimento sino que su nutriente es la voluntad del Padre. En segundo lugar, debe romper con lazos familiares nacionalistas y la estructura familiar patriarcal, para priorizar el anuncio del Reino. El que se dispone a seguirlo deja todo atrás, muere a todo lo que posee y resucita a otra vida. El camino de Jerusalén implica un éxodo hacia el Padre y libertad para hacer un éxodo de entrega a los hermanos. ¿Cuáles exigencias del seguimiento estoy viviendo? ¿Tengo libertad y disponibilidad para seguir a Jesús?

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