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Evangelio del día y comentario – 2 de noviembre de 2021

Mc 15, 33-39–16, 1-6: Dando un fuerte grito, expiró

Aquel día, al mediodía, se oscureció todo el territorio hasta media tarde. 34A esa hora Jesús gritó con voz potente: Eloi Eloi lema sabaktani, que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 35Algunos de los presentes, al oírlo, comentaban: Está llamando a Elías. 36Uno empapó una esponja en vinagre, la sujetó a una caña y le ofreció de beber diciendo: ¡Quietos! A ver si viene Elías a librarlo. 37Pero Jesús, lanzando un grito, expiró. 38El velo del santuario se rasgó en dos de arriba abajo. 39El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo expiró, dijo: Realmente este hombre era Hijo de Dios. 16.1Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María de Santiago y Salomé compraron perfumes para ir a ungirlo. 2 El primer día de la semana, muy temprano, llegaron al sepulcro al salir el sol. 3 Se decían: ¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro? 4 Alzaron la vista y observaron que la piedra estaba corrida. Era muy grande. 5 Al entrar al sepulcro, vieron un joven vestido con un hábito blanco, sentado a la derecha; y quedaron sorprendidas. 6 Les dijo: No tengan miedo. Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado. No está aquí, ha resucitado. Miren el lugar donde lo habían puesto.

Reflexión

Hoy la Iglesia nos invita a hacer memoria de quienes murieron en la esperanza de la fe. Muchos de ellos fueron parte de nuestra vida, tal vez nuestros padres y madres, abuelos, abuelas, maestros, amigos y hermanos. Por ser parte de nuestra vida, quizá, fueron quienes nos enseñaron a amar, a trabajar, a luchar, a defender la dignidad humana. Silenciosa y discretamente nos han dado grandes lecciones de vida y de fe. Celebrar su memoria es posibilitar una mirada trascendente, rasgando el velo que separa esta dimensión de la vida terrena de aquella otra dimensión de vida plena, así como fue rasgado el velo del santuario cuando Jesús murió. Esta es una oportunidad que nos ofrece el don de la fe. Rasgar el velo del santuario hoy significaría que, donde solamente vemos muerte, seamos capaces de celebrar la certeza de la vida anunciando su victoria en la memoria vivificante de quienes nos precedieron. ¡Nómbralos con gratitud y alegría!

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