Publicado el Deja un comentario

Evangelio del día y comentario – 2 de mayo de 2021

Jn 15, 1-8: Ustedes son los sarmientos

5º de Pascua Atanasio, mártir (373) Hch 9, 26-31: Saulo contó su experiencia Salmo 21: El Señor es mi alabanza en la gran asamblea 1Jn 3, 18-24: Este es el mandamiento de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. 2 Él corta los sarmientos que en mí no dan fruto; los que dan fruto los poda, para que den aún más. 3 Ustedes ya están limpios por la palabra que les he anunciado. 4 Permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. 5 Yo soy la vid, ustedes los sarmientos: quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto; porque separados de mí no pueden hacer nada. 6 Si uno no permanece en mí, lo tirarán afuera como el sarmiento y se secará: los toman, los echan al fuego y se queman. 7 Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pedirán lo que quieran y lo obtendrán. 8 Mi Padre será glorificado si dan fruto abundante y son mis discípulos.

Comentario

Cuando observamos los cultivos en nuestros campos inmediatamente nos damos cuenta de que la planta está formada por un conjunto de elementos que se necesitan entre sí. El uno no puede vivir sin el otro. La raíz necesita del tronco y este, a su vez, de la raíz. Y lo mismo las ramas, las flores y los frutos. Todos dependen de los otros para poder ser productivos. Cuando la raíz de la planta se daña sufre toda ella. Cuando el tronco se descompone, se dañan las flores y los frutos. Y si las flores se marchitan, no habrá frutos. Y si los frutos no son buenos, es que algo ha fallado en el proceso de producción. Los agricultores saben de estos procesos y procedimientos agrícolas. Por eso saben cuándo y cómo abonar, aporcar, podar para garantizar una cosecha sana, óptima y abundante.

Jesús, conocedor del ambiente campesino de donde proceden la mayoría de sus oyentes toma esta figura tan familiar para todos porque constituye su labor cotidiana y forma de ganarse el pan de cada día, para exponer los valores más profundos del Evangelio del Reino. Así como la vid y los sarmientos están íntimamente vinculados para ser productivos, así debe ser la vida del discípulo de Jesús. Es necesario mantenerse íntimamente unidos al Maestro para que los frutos que demos sean verdaderamente alimenticios y exquisitos. Ahora bien, la pregunta es cómo mantenerse fuertemente unido a Jesús. Considero, como primer lugar, la asidua meditación de su Palabra. Ella es la savia que corre por el tronco de la comunidad y de sus miembros para alimentarlos y nutrirlos constantemente.

La lectura orante, el estudio del Evangelio, la lectura popular y comunitaria de la Biblia y tanto otros caminos de estudio, meditación y oración con la Palabra en confrontación con la vida son medios excepcionales para mentarse bien unido a Jesús. Desde luego que esta unidad intrínseca se debe dar en el seno de una comunidad de vida fraterna y solidaria. ¿Estás en comunión con Jesús y tu comunidad de fe?

Segundo, la oración continua. Orar es escuchar al Señor, es ponerse a la escucha del Maestro. Es abrirse a la acción del Espíritu Santo para que Él realice su obra en el corazón del creyente. La vida sacramental, particularmente la Eucaristía, es fuente inagotable de vida en el Espíritu. Y, sobre todo, unido a lo anterior, la práctica constante de la caridad, la justicia, la solidaridad; en una palabra, la misericordia de Dios.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *