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Evangelio del día y comentario – 2 de febrero de 2021

Lc 2, 22-40: Será signo de contradicción …

Sus padres llevaron a Jesús a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor; 24además ofrecieron el sacrificio que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones. 25Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo. 26Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor. 27Conducido, por el mismo Espíritu, se dirigió al templo. Cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con él lo mandado en la ley, 28Simeón tomó al niño en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29Ahora, Señor, según tu palabra, puedes dejar que tu servidor muera en paz, 30porque mis ojos han visto a tu Salvador, 31que has dispuesto ante todos los pueblos 32como luz para iluminar a los paganos y como gloria de tu pueblo Israel. 36Estaba allí la profetisa Ana, de edad avanzada… 38Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos esperaban la liberación de Jerusalén.

Reflexión

Jesús es reconocido como la luz que ilumina a las naciones. Esta tarea que Simeón indica sobre Jesús de Nazaret, es la que ha de cumplir todo discípulo. Un cristiano está llamado, por vocación, a ser signo de luz y de liberación en el mundo y en medio de las realidades donde se encuentre inmerso. Hay una invitación concreta para quienes siguen a Jesús: ser portadores de fe y de esperanza frente a tanta angustia, sufrimiento y muerte que se imponen. No se trata que un cristiano esté llamado a hacer un happy end como el de las películas de Hollywood, sino que la invitación es a ser testigo de la vida, la luz, la justicia y la felicidad en medio de las situaciones adversas que se presentan. Ser como Jesús y vivir como Él vivió es llegar a ser luz en medio del mundo y a vivir lo paradójico de su mensaje: no acumular, no atesorar, perderse a sí mismo, es la garantía de vida en abundancia, de la felicidad.

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