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Evangelio del día y comentario – 2 de diciembre de 2020

Mt 15, 29-37: Jesús sana a muchos enfermos

Bárbara, mártir (s. IV) Primera lectura: Is 25, 6-9 El Señor dará una fiesta Salmo responsorial: Sal 22, 1-6

En aquel tiempo, Jesús se dirigió al lago de Galilea, subió a un monte y se sentó. 30Acudió una gran multitud que traía cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos enfermos. Los colocaban a sus pies y él los sanaba. 31La gente quedaba admirada al ver que los mudos hablaban, los cojos caminaban, los lisiados quedaban sanados y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel. 32Jesús llamó a los discípulos y les dijo: Me compadezco de esta gente, porque llevan tres días junto a mí y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.33Le dijeron los discípulos: ¿Dónde podríamos, en un lugar tan despoblado como éste, conseguir suficiente pan para toda esta gente? 34Jesús les preguntó: ¿Cuántos panes tienen? Ellos le contestaron: Siete y algunos pescaditos. 35Él ordenó a la gente que se sentara en el suelo. 36Tomó los siete panes y los pescados, dio gracias, partió el pan y se lo dio a los discípulos; éstos se los dieron a la multitud. 37Comieron todos hasta quedar satisfechos; y con los restos llenaron siete canastos.

Comentario

El evangelista Mateo quiere subrayar cómo las Escrituras se cumplen en Jesús y esto lo captamos con claridad el día de hoy: el anuncio de Isaías se cumple en Jesús, quien nos invita a participar en el banquete de la vida, primero con la imagen que presenta el profeta donde el Señor invita a su banquete que se caracteriza por la derrota de la muerte y el dolor y Jesús hace realidad esta imagen sanando a muchos de sus males y multiplicando el alimento hasta quedar la multitud satisfecha. Adviento es tiempo de esperanza gozosa pues el Señor cuando vino, está viniendo y vendrá, lo hace para cumplir las promesas en realidades verdaderas. Viene por todos aquellos que nos sabemos necesitados de perdón y amor; de aquellos que nos reconocemos débiles. Él, como nos dicen los textos de este día, compadecido enjugará las lágrimas, dará de comer, anunciará palabras de vida, unirá a los que comen entre sí y con quien los invita. ¿Cuando proclamo “Ven, Señor Jesús” lo creo en verdad? ¿Cómo lo demuestro?

 

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