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Evangelio del día y comentario – 2 de agosto de 2021

Mt 14, 13-21: Denles ustedes de comer

Ntra. Sra. de los Ángeles Eusebio de Vercelli (371)  Nm 11, 4b-15: Yo no puedo con este pueblo Salmo 80: Aclamemos a Dios, nuestra fortaleza

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se fue de allí en barca, él solo, a un paraje despoblado. Pero lo supo la multitud y le siguió a pie desde los poblados. 14Jesús desembarcó y, al ver la gran multitud, sintió lástima y sanó a los enfermos. 15Al atardecer los discípulos fueron a decirle: El lugar es despoblado y ya es tarde; despide a la multitud para que vayan a los pueblos a comprar algo de comer. 16Jesús les respondió: No hace falta que vayan; denle ustedes de comer. 17Respondieron: Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados. 18Él les dijo: Tráiganlos. 19Después mandó a la multitud sentarse en la hierba, tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la vista al cielo, dio gracias, partió el pan y se lo dio a sus discípulos; ellos se lo dieron a la multitud. 20Comieron todos, quedaron satisfechos, recogieron las sobras y llenaron doce canastos. 21Los que comieron eran cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Comentario

Conseguir que las personas compartan lo suyo con las que menos tienen es un verdadero milagro. La tendencia ordinaria es que otro resuelva el problema del hambre. Alrededor de 795 millones de personas en el mundo no tienen alimento necesario para llevar una vida saludable y activa. Mueren diario 8.500 niños por desnutrición, según una estimación de Unicef. Leer el Evangelio nos compromete. El pan de La Palabra nos debe llevar al pan de la mesa compartida, eso es Eucaristía. No puedo esperar a que sea otro quien tome la iniciativa. Saber que hay personas cerca de mi casa pasando hambre es motivo suficiente para no dormir. Una práctica evangélica que nos comprometa para actuar es lo que necesitamos para cambiar el rostro del mapa mundial. No necesitamos más oraciones sino acciones. Todo es relativo, menos Dios y el hambre, como dijo el gran profeta de Brasil, Mons. Casaldáliga. Pidamos a Dios para que en cada Eucaristía, en cada padrenuestro recordemos que hay personas necesitadas de mi solidaridad

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