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Evangelio del día y comentario – 2 de abril de 2021

Jn 18, 1–19, 42: Pasión de N. S. Jesucristo

VIERNES SANTO Is 52, 13–53, 12: Fue traspasado por nosotros Salmo 30: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu Heb 4, 14-16; 5, 7-9: Es autor de salvación

En aquel tiempo salió Jesús con los discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto; allá entró él con sus discípulos. 2 Judas, el traidor, conocía el lugar, porque Jesús muchas veces se había reunido allí con sus discípulos. 3 Entonces Judas tomó un destacamento y algunos empleados de los sumos sacerdotes y los fariseos, y se dirigió allá con antorchas, linternas y armas. 4 Jesús, sabiendo todo lo que le iba a pasar, se adelantó y les dice: ¿A quién buscan? 5 Le respondieron: A Jesús, el Nazareno. Les dice: Yo soy. También Judas, el traidor, estaba con ellos… 15Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Como ese discípulo era conocido del sumo sacerdote, entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, 16mientras Pedro se quedaba afuera, en la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera y ésta dejó entrar a Pedro. 17La sirvienta de la portería dice a Pedro: ¿No eres tú también discípulo de ese hombre? Contesta él: No lo soy. 18Como hacía frío, los sirvientes y los guardias habían encendido fuego y se calentaban. Pedro estaba con ellos protegiéndose del frío. 19El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su enseñanza…

Comentario

Hoy es el día de la cruz, la consecuencia del dolor y el sufrimiento infligidos al Mesías. La muerte de Jesús congrega al pueblo de Dios en luto y arrepentimiento; es la ejecución del Inocente. No es la defunción de un ser querido lo que se llora, sino la iniquidad de los propios delitos desnudos ante la cruz del Gólgota. La autocracia de las autoridades, la indiferencia de los piadosos, el morbo de la mayoría y las traiciones de los más allegados se conjugan para levantar esa cruz. No es la única que se ha levantado en la historia. Allí están las cruces de los migrantes, de las víctimas de la trata de blancas, de los trabajadores expoliados, de los masacrados por el narco-negocio… Todo el dolor humano, sin embargo, encuentra redención en esa cruz de nuestras miradas, la de Cristo. Miramos la cruz para que nos redima, porque vemos el amor de Dios pendiendo en esa carne crucificada. Es tiempo de vivir mirándonos en esa carne muerta para poder entregarnos totalmente en las manos del Padre.

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