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Evangelio del día y comentario – 2 de abril de 2020

Jn 8, 51-59: Abrahán saltaba de gozo pensando ver mi día

Francisco Coll Guitart (1875) Pedro Calungsod (1672) Primera lectura: Gn 17, 3-9 Serás padre de muchos pueblos Salmo responsorial: Sal 104, 4-9

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: Les aseguro que quien cumpla mi palabra no sufrirá jamás la muerte. 52Entonces le dijeron los judíos: Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abrahán murió, lo mismo los profetas, y tú dices que quien cumpla tu palabra no sufrirá jamás la muerte. 53¿Por quién te tienes? 54Contestó Jesús: Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, el mismo que ustedes llaman nuestro Dios, 55aunque no lo conocen. Yo en cambio lo conozco. Si dijera que no lo conozco, sería mentiroso como ustedes. Pero lo conozco y cumplo su palabra. 56Abrahán, el padre de ustedes disfrutaba esperando ver mi día: lo vio y se llenó de alegría. 57Le replicaron los judíos: No has cumplido cincuenta años, ¿y has conocido a Abrahán? 58Jesús les dijo: Les aseguro, antes de que existiera Abrahán, existo yo. 59Recogieron piedras para apedrearlo; pero Jesús se escondió y salió del templo.

Comentario

La Palabra de Jesús es palabra de vida. Esa es la lógica teológica que presenta el evangelio de Juan. Y es esa Palabra la que produce vida en abundancia e impide acceder a la muerte. Los judíos no pudieron entender esa revelación. Quien permita que Jesús sea el Señor de su vida y que su Palabra entre en su existencia entonces conoce lo que significa vivir libre del pecado y de la muerte. Jesús acusa a los judíos con sus propias tradiciones. Y no sólo con sus tradiciones, sino que lo hace también trayendo a la memoria el recuerdo de Abrahán, el Padre del pueblo judío. Jesús les ratifica que aunque Abrahán es la figura más preminente de la historia y tradición judía, Él, en cambio, es el “Yo-Soy”. Queda claro que quien no acepta a Jesús como el “Yo-Soy” busca por todos los medios aniquilarlo, quitarlo de la vista, borrarlo de la existencia. La invitación es para que en esta cuaresma reconozcamos y aceptemos a Jesús como el Señor.

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