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Evangelio del día y comentario – 19 de septiembre de 2019

Lc 7, 36-50: Sus pecados están perdonados

Jenaro, mártir (305) Primera lectura: 1Tim 4, 12-16 Sé modelo de creyentes Salmo responsorial: Sal 110, 7-10

36En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús entró en casa del fariseo y se sentó a la mesa. 37En esto, una mujer, pecadora pública, enterada de que estaba a la mesa en casa del fariseo, acudió con un frasco de perfume de mirra, 38se colocó detrás, a sus pies, y llorando se puso a bañarle los pies en lágrimas y a secárselos con el cabello; le besaba los pies y se los ungía con la mirra. 39Al verlo, el fariseo que lo había invitado, pensó: Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer lo está tocando: una pecadora. 40Jesús tomó la palabra y le dijo: … Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y otro cincuenta. 42Como no podían pagar, les perdonó a los dos la deuda. ¿Quién de los dos lo amará más? 43Contestó Simón: Supongo que aquel a quien más le perdonó. Le replicó: Has juzgado correctamente. 44Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para lavarme los pies; ella me los ha bañado en lágrimas y los ha secado con su cabello… 47Por eso te digo que se le han perdonado numerosos pecados, por el mucho amor que demostró. Pero al que se le perdona poco, poco amor demuestra. 48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados…

Comentario

La juventud se distingue por su entusiasmo y vigor, y porque es la etapa del mayor crecimiento hacia la madurez personal. Los adultos la miramos llena de riesgos; más todavía, muchos adultos miran a los jóvenes con ojos pesimistas, y creen que solo deparan males. Nada de eso. La juventud es un tránsito que hay que vivir intensa y sabiamente, por su propio valor y no solo por lo que representa para el futuro. Es el momento de cultivar los ideales de la vida, mediante el ejercicio de las virtudes fundamentales y aprender a amar. La prudencia, justicia, fortaleza y templanza son los añejos pilares que sostienen a toda persona. Por eso es indispensable fomentar en las generaciones venideras la nobleza de corazón que ya poseen, la generosidad que las caracteriza, la alegría que nos contagian y su espíritu invencible que nos apabulla. Ser joven es relacionarnos con respeto absoluto pero sin miedos ni pesadumbres, siempre dispuestos a abrazar el amor, a crear la comunión que santifica y nos renueva la vida entera.

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