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Evangelio del día y comentario – 19 de noviembre de 2020

Lc 19, 41-44: ¡Si comprendieras lo que conduce a la paz!

Ntra. Sra. de la Divina Providencia Primera lectura: Ap 5, 1-10 El Cordero fue degollado Salmo responsorial: Sal 149, 1-6a y 9b

Con firme determinación Jesús continúa su viaje a la Ciudad dónde se concentran los poderes políticos y religiosos: Jerusalén. Después de la parábola del rey que regresa de su viaje, Lucas relata la llegada de Jesús a la ciudad y un sentido lamento al verla todavía desde lejos. El nombre de Jerusalén contiene la palabra hebrea shalom, que significa paz, y su traducción podría ser ciudad de paz. Hay un juego de palabras, cuando Jesús le reprocha a Jerusalén ojala reconocieras lo que conduce a la paz anticipando que Jerusalén y su Templo no están dispuestos a recibirlo. Es un momento crítico para Jesús, todo el camino recorrido cobra sentido en esta llegada a Jerusalén y Él es plenamente consciente de ello cuando decide entrar. Muchas veces en la vida llegamos a momentos decisivos y siempre tenemos la opción de avanzar o retroceder. Solo cuando somos conscientes del camino recorrido sabemos que los procesos no tienen vuelta atrás y que hay que tener valor para aceptar el desenlace.

Comentario

Con firme determinación Jesús continúa su viaje a la Ciudad dónde se concentran los poderes políticos y religiosos: Jerusalén. Después de la parábola del rey que regresa de su viaje, Lucas relata la llegada de Jesús a la ciudad y un sentido lamento al verla todavía desde lejos. El nombre de Jerusalén contiene la palabra hebrea shalom, que significa paz, y su traducción podría ser ciudad de paz. Hay un juego de palabras, cuando Jesús le reprocha a Jerusalén ojala reconocieras lo que conduce a la paz anticipando que Jerusalén y su Templo no están dispuestos a recibirlo. Es un momento crítico para Jesús, todo el camino recorrido cobra sentido en esta llegada a Jerusalén y Él es plenamente consciente de ello cuando decide entrar. Muchas veces en la vida llegamos a momentos decisivos y siempre tenemos la opción de avanzar o retroceder. Solo cuando somos conscientes del camino recorrido sabemos que los procesos no tienen vuelta atrás y que hay que tener valor para aceptar el desenlace.

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